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Entropía: La newsletter de Antonio · May 24, 2026

Lo que unas cabras me enseñaron.

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Antonio Valenzuela · Entropía: La newsletter de Antonio

Allí estaba recostado sobre la hierba, bajo la sombra de un sauce llorón que le cobijaba del sol punzante del mediodía, en compañía de sus dos perros, que dormitaban con esa expresión de la tranquilidad que aporta el haber cumplido con tu misión en el mundo, y de su rebaño de cabras, disperso entre la hierba fresca y el banco de arena cálida que las riadas del invierno habían depositado en el meandro.

Con la mirada perdida en las aguas del Genil —ese río que tantas veces inspiró a Lorca—permanecía absorto en el arrullo lento del cauce menguante de finales de primavera y en el canto alborotado de los zascandileantes pajarillos en busca de pareja. El aire era denso, por momentos pesado, impregnado de ese perfume indefinible de ribera, a medio camino entre el barro y el cañizo. A ratos, una brisa leve agitaba las ramas del sauce y fragmentaba la luz sobre su rostro, como si el día respirara una atmósfera de lentitud sublime entorno a él.

En aquellos momentos no había una persona más rica que aquel pastor en todo el planeta. Posiblemente jamás había oído hablar de Epicuro, ni de la práctica meditativa del budismo zen, ni de la vida lenta de Josep Pla, ni de la contemplativa de Byung-Chul Han. Pero no lo necesitaba. Las encarnaba todas en su figura serena, recostada junto al río, escuchando sin saberlo esa sabiduría antigua —mucho más profunda que la propia filosofía— que todavía descansa en nuestra biología y que súbitamente aparece cuando dejamos de luchar contra ella.

En aquel paseo buscaba una dosis de libertad para mis perros y momentos de reflexión para ordenar mis pensamientos. Demasiadas reuniones, conferencias, clases, obligaciones, pacientes y proyectos habían comenzado a nublar mi mente.

Salí a caminar en busca de sosiego y, sin esperarlo, di con un maestro. Uno de esos que no escriben libros, no conceden entrevistas y jamás pronunciarán una conferencia sobre el arte de vivir. Porque, tal y como pedía Epicteto, no explicaba su filosofía: la encarnaba.

Quizás, al final, la vida consista un poco en eso, pensar menos y contemplar más el devenir del río.

Escribo estas líneas en medio de un fin de semana frenético que empezó en Las Palmas y terminará en Madrid. Pero, en este momento, hemos decidido rendirnos un instante a la vida y descansar a la sombra de una plaza de mi querida Vegueta. Cuando uno va lento, todo parece empezar a fluir de nuevo.

P.D. La semana que viene, a estas horas, estaré nervioso y emocionado a partes iguales. Faltarán pocos minutos para subirme al escenario del Gran Teatro Pavón de Madrid para conversar con mi gran amiga Sari Arponen sobre la salud desde una perspectiva más extensa, creando espacio para la espiritualidad, el saber ancestral y los estados expandidos de consciencia.

Aún quedan algunas butacas libres. Quién sabe… lo mismo te animas y ocupas una de ellas.

Te dejo en enlace con toda la info aquí:

https://tickets.oneboxtds.com/tpavon/events/54694

P.D.2. Ah! Y casi se me olvida decirte que el día de antes, el sábado 30 de Mayo estaré firmando en la feria del libro de Madrid.

Ojalá nos veamos.

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Read the original on antoniovalenzuela.substack.com

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