El domingo publicamos la historia de un hogar en donde 1.240 archivos médicos llevaban quince años acumulándose en carpetas separadas, y de lo que apareció el día que el papá los leyó como un solo corpus, es decir, con ontología:
67 hallazgos alterados que nadie volvió a medir,
un anticuerpo con el mismo patrón en dos generaciones separadas por 34 años, y
un silencio de 5.114 días entre dos exámenes que advertían lo mismo.
Varios me escribieron la misma pregunta: con qué se hace eso.
Naturalmente, el código para la operación ontológica profunda es muy extenso y requiere ciertas capacidades. Abajo explicamos cómo acceder a ese nivel. Pero las métricas que ningún laboratorio entrega y que le pueden dar mucha inteligencia a una familia, así como una primera aproximación a su ontología, sí se pueden hacer solo con un prompt más liviano.
Entonces se hace con esto.
Antes de analizar nada, te hace preguntas: los cuatro números que no están en ningún examen —peso, talla, perímetro abdominal y presión—, los huecos del árbol familiar, sueño, hábitos y síntomas. La mitad del valor sale de ahí y no de los PDFs.
Después entrega un archivo con tres capítulos.
La foto, una pestaña por persona, con cada marcador, su fecha, su estado, el rango de su propio informe y cuánto lleva sin medirse. Acá aparecen los índices que ningún laboratorio imprime y que se calculan con lo que ya está medido: la relación entre neutrófilos y linfocitos, la de linfocitos y monocitos, el índice de triglicéridos y glucosa, el colesterol no unido a HDL.
La ontología, donde la familia se lee entera y aparecen las cinco lecturas del domingo.
El futuro, con recomendaciones que llevan seis campos obligatorios cada una.
Información que ya fue tomada, procesada y pagada, pero que nadie había conectado.
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