Para profundizar:
Qué es el patrimonio personal y cómo calcularloHola amigas,
¿Cómo andan? 👋
Otra vez por acá.
Anuncios breves: el sábado 22 de agosto tenemos la clase online “Cómo empezar a invertir (sin volverte loca)”. Como es online, pueden sumarse desde donde estén. Quedan muy poquitos lugares. Una cosa: no está funcionando la pasarela de pago para Argentina, en ARS. Viendo cómo solucionar eso a la velocidad de la luz.
Por otro lado, ya están abiertas las próximas fechas de eventos Amiga en Barcelona, y, como siempre, las del newsletter se enteran antes que Instagram. 💅
El 15 de septiembre, estrenamos una clase nueva que me vienen pidiendo hace muchísimo: “Todo lo que necesitás saber sobre dinero si sentís que no sabés nada”. Es exactamente lo que dice el título: un empezá por acá. Diez conceptos para quienes sienten que nunca tuvieron una base y que fueron aprendiendo cosas sueltas por el camino. Para principiantes (y no tanto).
El 22 de septiembre tenemos “Cómo empezar a invertir cuando nadie te enseñó”. Esta clase es distinta de la online porque está pensada específicamente para el contexto español: hablamos de cómo empezar a invertir viviendo acá, qué particularidades tiene el sistema (hola, Hacienda) y qué conviene entender antes de hacer cualquier cosa. Y además es una juntada en vivo para conocer a otras mujeres que están en la misma. Sin tecnicismos innecesarios, sin vergüenza por preguntar y, obviamente, con una copa de vino en la mano,
Este newsletter está sponsoreado por Alloc, una app creada por Luciana Dubiau, founder argentina, para organizar y entender tu patrimonio en un solo lugar.
Hace unas semanas di una charla sobre patrimonio. En un momento hice una pregunta que pensé que iba a ser bastante sencilla de responder.
—¿Qué se imaginan cuando digo la palabra “patrimonio”?
Silencio. No era un silencio de “no me acuerdo la fórmula”. Era un silencio mucho más raro. El de quien ni siquiera sabe si esa pregunta habla de ella. Como si le estuvieran hablando a la de atrás.
Y ahí entendí que el problema no era que las mujeres no supieran calcular su patrimonio. Era que nunca les habíamos enseñado a pensarse como personas con patrimonio.
Porque cuando hablamos de dinero, casi siempre terminamos hablando del mes: el sueldo, la tarjeta, el homebanking, el presupuesto, los gastos.
Pero decís patrimonio y la cabeza se va a otro lado. A Marcos Galperin. A Amancio Ortega. A una sucesión complicada. A un ropero con bastante ropa de cashmere. O lino, según la temporada. A una familia con apellido compuesto y un escribano de confianza.
Como si el patrimonio fuera una categoría reservada para los que ya llegaron hace tres generaciones, y no algo que empezás a construir desde el día que cobrás tu primer sueldo.
El tema es que es difícil construir patrimonio si una persona no se reconoce primero como alguien capaz de poseer, decidir y acumular. Pero lo curioso es que todas las mujeres sentadas en esa sala tenían patrimonio. Todas.
Algunas tenían una vivienda. Otras una deuda (las deudas también forman parte del patrimonio. Solo que restan). Otras una cuenta de inversión. Otras un plan de pensiones de un trabajo que tuvieron en 2019 y nunca más volvieron a mirar.
La diferencia no era que unas tuvieran patrimonio y otras no. La diferencia era que ninguna llamaba patrimonio a esa suma de activos. Y creo que ahí está uno de los grandes agujeros negros de la educación financiera.
El problema de la educación financiera para mujeres
El problema nunca fue que las mujeres no supieran de dinero. En realidad, aprendieron exactamente lo que les enseñamos. Les enseñamos a hacer presupuestos y aprendieron a hacer presupuestos. Les enseñamos a controlar gastos, a llevar un Excel, y hasta a sentir culpa por tomarse un cappuccino. Y acá estamos, pidiendo el café con culpa. Y cuando la educación financiera se sofisticó un poco, simplemente cambiamos de tema rotundamente. Dejamos de hablar de presupuestos para empezar a hablar de ETFs, fondos indexados, acciones y criptomonedas. La educación financiera pasó del Excel al bróker como si no existiera ninguna estación intermedia.
El problema es que entre una conversación y la otra quedó un agujero enorme. Casi nadie nos enseñó a detenernos y mirar la foto completa. Lo que tenés que mirar antes de tomar cualquier decisión.
Administrar dinero consiste en organizar el flujo. El patrimonio consiste en entender el sistema, lo que estás construyendo. Y esa diferencia parece técnica, hasta que deja de serlo.
A veces, después de escucharme en entrevistas, hay gente que interpreta que no incentivo la inversión. Es exactamente al revés.
Lo que no incentivo es invertir por invertir. Comprar cualquier cosa porque alguien dijo que “hay que empezar por algún lado”, abrir una cuenta en un bróker sin saber para qué, o convertir la inversión en otro casillero que hay que marcar para sentir que una está haciendo las cosas bien.
Invertir importa muchísimo, sí. Pero debería venir después de mirar la foto completa.
Qué tenés. Qué debés. Qué necesitás en el corto plazo. Qué riesgos podés asumir. Qué querés construir. Y recién entonces, qué lugar tiene una inversión dentro de todo eso.
La historia, pesa
Durante un tiempo pensé que esto era simplemente un problema de educación financiera. Después entendí que la historia era bastante más vieja. No es que un día alguien se “olvidó” de explicar qué era el patrimonio. Es que, durante buena parte de nuestra historia, el patrimonio ni siquiera era una conversación pensada para las mujeres.
Hasta hace apenas unas décadas, una mujer casada necesitaba autorización de su marido para realizar distintos actos patrimoniales. En Argentina, la gran reforma del Código Civil llegó recién en 1968, y siguió teniendo cambios hasta 1985. En España, sobrevivió hasta 1975. En Brasil hasta el 2002. Hablo de todo esto en el libro. No estamos hablando del siglo XIX. Estamos hablando de la generación de nuestras madres o abuelas. En muchos casos, de nuestras propias madres.
Durante siglos, la división fue bastante clara. A las mujeres se les enseñó a administrar el presente. A los hombres, a decidir el largo plazo. Ellas organizaban el presupuesto, el día a día. Ellos organizaban el patrimonio. Las grandes decisiones. Y las instituciones, claro, reforzaban esa división.
Quizás por eso todavía hoy nos resulta tan natural hablar de dinero y tan ajena la palabra patrimonio. Las leyes cambiaron mucho más rápido que el lenguaje. Y el lenguaje, mucho más rápido que los hábitos.
Y los datos lo demuestran: según UBS, el 85% de las mujeres casadas administra las finanzas cotidianas del hogar, pero la mayoría sigue delegando las decisiones patrimoniales de largo plazo en su pareja.
No es una contradicción. Es la consecuencia de haber confundido durante mucho tiempo dos conversaciones distintas: una sobre cómo administrar el presente y otra sobre cómo construir el futuro. Y también quizás por eso, cuando enviudan, el 83% dice haber tenido dificultades para hacerse cargo del patrimonio familiar. No porque de golpe aparezca una cuenta secreta en las Islas Caimán. Sino porque nunca habían participado realmente de esa conversación.
La historia cambió. Las leyes cambiaron. Nosotras conquistamos muchísimos espacios. Pero la forma en que aprendimos a pensar sobre el dinero cambió bastante menos. Y eso tiene una consecuencia muy concreta: muchas mujeres siguen relacionándose con el dinero como administradoras, no como propietarias. Administran bien el mes, resuelven lo que sea. Pero no necesariamente piensan en términos de patrimonio, y poder económico propio.
Para cerrar
Durante años pensamos que la educación financiera era aprender a administrar mejor el dinero. Después creímos que el siguiente paso era aprender a invertir. Pero creo que nos salteamos una conversación entera. Antes de preguntarnos qué comprar, qué vender o dónde invertir, hay otra pregunta mucho más básica:
¿Qué estoy construyendo?
Porque las decisiones sobre dinero nunca se toman en el vacío. Se toman mirando lo que ya tenés. Recién cuando ves esa foto completa, invertir deja de ser un misterio, o una colección de productos financieros inconexos, y pasa a formar parte de una estrategia.
Y esa foto tiene un nombre: se llama patrimonio.
Nos leemos la próxima 👋
Este es un contenido patrocinado por Alloc.
Alloc es una app de patrimonio que te permite ver, en un solo lugar, lo que tenés, lo que debés y la foto completa de tu patrimonio.
Si este tema te interesó, el sábado 29 de agosto vamos a hacer una clase gratuita sobre patrimonio donde vamos a desarrollar estas ideas con más profundidad y el equipo de Alloc hará una demo de la herramienta. Te podés anotar acá y te mandamos una invitación. Es a las 17:00 (España) · 12:00 (Argentina) · 09:00 (CDMX)

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