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Sostenibilidad en tus manos. · Feb 23, 2026

La humilde kokedama circular

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Aline Casanova · Sostenibilidad en tus manos.

No nos engañemos: lo que ves en las fotos no aspira a estar en una galería de arte botánico en el centro de Madrid. No sigue reglas milenarias ni tiene la perfección simétrica de los manuales.

Esta kokedama es otra cosa. Es un manifiesto de respeto.

Kokedama «circular» recién hecha en colgador

Este post no es un tutorial de estética japonesa. No pretendo faltar al respeto a la tradición, porque técnicamente la mía no es una kokedama, aunque sí está en línea con el concepto de wabi-sabi: encontrar la belleza en lo imperfecto, lo natural y lo efímero. Mi kokedama es un manifiesto de respeto y un experimento de economía circular cotidiana (y un poco extrema).

Mi premisa fue innegociable: usar solo lo que ya había en casa.

No busqué materiales «óptimos» ni pedí nada por internet (aunque fue muy tentador). Preferí arriesgarme a que el invento fuera efímero antes que romper mi compromiso de no generar más huella. El valor de este objeto no está en cuánto dure, sino en la intención de mantener los recursos circulando.

Es el resultado de mirar un trozo de musgo humilde que sobrevivió al belén y decidir que su vida vale lo suficiente como para no terminar en el cubo de la basura. Es sostenibilidad real, de la que mancha las manos y alarga la vida útil de lo que tienes a mano, con el compromiso de no comprar nada.

Todo comenzó hace unos días. A mi querido musgo de bosque, que compré y guardé hace cuatro meses, le brotaron setas. Ya no me serviría para hacer terrarios cerrados.

Además, en esos días había empezado mi limpieza anual de primavera y, en uno de mis cajones, me encontré un montón de pelotas de tenis. Ni juego al tenis ni necesitaba tantas para hacer ejercicio, pero eran el retrato perfecto del principio de acumular «por si acaso».

De pronto me acordé de que había visto algo sobre kokedamas y pelotas de tenis en el libro de Martin Staffler, Cómo construir un jardín vertical, así que me puse manos a la obra con una premisa innegociable: usar solo lo que ya había en casa.

Te dejo aquí la receta. Nota: improvisé mucho, muchísimo.

  1. La cirugía de la pelota: corté una cruz en la pelota de tenis (el corazón de caucho) para poder meter sustrato y una planta (escogí un esqueje de tradescantia) e hice unos agujeros de drenaje en el fondo.

  2. Barro de supervivencia: mezclé restos de mi sustrato con arcilla roja que tenía por ahí para recubrir la pelota y crear un soporte para que el musgo pudiera agarrarse. Luego añadí una capa fina de sustrato bien húmedo.

  3. El musgo: limpié bien el musgo para retirarle algunas ramas y espinas de coníferas. No le quité todas porque por experiencia sé que si lo hago daño demasiado la estructura del musgo. Fui cortando trocitos y atándolos con un poco de cuerda de cáñamo hasta cubrir la pelota.

  4. El corazón: rellené la estructura con sustrato, al que añadí un poco de akadama. Coloqué el esqueje de tradescantia con mucho cuidado (casi a ciegas, porque no veía el interior de la pelota).

  5. El toque final: por último, hice un riego por inmersión y coloqué la kokedama en un colgador que había hecho hace unos meses.

    Pelota de tenis con corte.

Mi querida kokedama circular

Al final, lo que cuelga hoy de mi ventana es un recordatorio de que la sostenibilidad no es una etiqueta: es una actitud. Mi kokedama es un poco «Frankenstein», sí. Quizás no dure para siempre, pero salvó al musgo y a la pelota de convertirse en residuos sólidos urbanos.

Es un pequeño jardín vertical producto de un propósito y de la creatividad.

bola de musgo hecha con una pelota de tenis reciclada, colgada con un colgador de cuerda.
Kokedama una semana después: la planta y el musgo están vivos.

¿Y tú? ¿Qué tienes en ese cajón olvidado que hoy mismo podría convertirse en una segunda oportunidad para algo vivo?

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Read the original on alinecasanova.substack.com

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