Todo empieza como muchas otras historias: con un café en la mano.
Hace un par de meses hablé con alguien que se mueve en el mundo editorial digital y la conversación me cambió la forma de ver cómo trabajamos la caza de resultados.
Le pregunté cómo medían el éxito en su redacción. Me respondió, sin titubear, “sesiones”. Mi cerebro entró en la típica rutina de “¿sesiones? ¿o pageviews? ¿o qué?”, pues no estoy muy metido en servicios editoriales.
Le pregunté si los objetivos del equipo dependían de las sesiones. También.
Le pregunté qué pasaría si mañana mismo el bonus pasara a depender de la retención de cohorte a 90 días, o sea, de cuánta gente que entra en marzo sigue volviendo en junio. Se rio mientras pensaba en ello.
De pronto, se quedó callado. Pasados unos segundos, me respondió: “tendríamos que rehacer el calendario editorial entero”.
Exacto. Ese es el post que estás leyendo. El gran marronazo que te está mirando desde detrás de los arbustos mientras susurra “tus sesiones no valen para nada”.
Por si el término no te suena:
Click-chasing es perseguir el clic como fin, no como medio. El clic deja de ser la recompensa por publicar algo que merece la pena y se convierte en el objetivo en sí. Produces lo que sube las visitas hoy y dejas de preguntarte qué pasa con esa gente después: si vuelve, si se suscribe, si se cree algo de lo que le cuentas.
Le llamo editorial porque el mundo de los medios es su hábitat natural, aunque el fenómeno se replica en muchos otros nichos. Su negocio histórico es el de generar tráfico que se convierte en impresiones de publicidad. Y publica a diario y bajo presión. Cuando lo que te paga es el volumen, el incentivo entero empuja al volumen. Pero el patrón no es exclusivo de las redacciones, como digo.
El click-chasing no es un problema exclusivo de redactores. Es la consecuencia matemática de un KPI que se centra y premia volumen y castiga la calidad. Los core updates de Google no inventan nada cuando te dan una galleta: se liquida una factura que suele llevar meses acumulándose en forma de engagement débil, cohortes que no vuelven y una marca que ningún modelo de IA cita porque no se la cree.
Hoy lo cuento en versión larga, con cuatro piezas:
El pensamiento por órdenes (separar lo que se ve hoy de lo que pagas mañana).
El experimento reciente de Lily Ray sobre contenido hecho con IA.
El paralelo con e-commerce y afiliación.
Un contrato de KPI alternativo que puedas llevarte bajo el brazo.
El click-chasing es la deuda técnica del mundo editorial.
En desarrollo, la deuda técnica son los atajos que tomas para entregar rápido: funcionan hasta que se acumulan y un día toca pagarlos con intereses en modo “me ha explotado todo en la cara y no puedo hacer nada”. Las ñapas salen caras (aunque me encanten).
En contenido pasa lo mismo. Acumulas clics fáciles, ignoras lo que cuestan y un día llega el golpe. Aquí la factura tiene nombre: un core update, una de esas revisiones amplias del algoritmo de Google que reordenan medio sector de golpe. El último, sin ir más lejos, cayó en mayo de 2026 y terminó su despliegue el 2 de junio.
El ciclo es siempre el mismo:
Se fija tráfico como KPI.
El equipo descubre qué genera clics.
Funciona en el corto plazo.
Más clics, más ingresos, más presión.
Nadie pregunta si la gente vuelve.
Volumen ascendente durante meses.
Core update.
−20% un mes. −50% al siguiente.
Reunión de crisis.
“Recuperar tráfico” como nuevo KPI. “Lo que necesitamos es SEO”.
Vuelta a empezar.
Barry Adams popularizó el término click-chasing en abril dentro del contexto de equipos de redacción en SEJ. Lo interesante no es la novedad de este patrón, sino lo poco que cambian las cosas cuando se nombra o se extrapola a otros nichos.
Lo que ve dirección, la agencia y el dashboard de turno: subir sesiones.
Es la única capa que se mide en tiempo real. Tienes el panel abierto a las nueve de la mañana, ves el verde, se lo enseñas al CEO y todos contentos. El bonus personal y de equipo se calcula con esto. La promo del responsable de contenido se justifica con esto. La factura de la agencia se renueva con esto.
Bastiat lo describió hace más de 170 años en otra disciplina: lo que se ve pesa en la decisión y lo que no se ve ni siquiera se discute.
En un primer orden de consecuencias, todo el contenido que genere sesiones es bueno. Listas, agregadores, titulares de patio de colegio, insultos y chistes baratos, news jacking dudoso, AI a volumen, todo. El equipo no es tonto; está leyendo el incentivo bien. Hace lo que se le pide y se le paga por hacer.
Lo que pasa DESPUÉS: la gente entra, mira tres segundos, se va y no vuelve. Las cohortes de marzo no se cruzan con las de abril. La newsletter no convierte. Los productos no se compran. El podcast no tiene oyentes recurrentes.
Esto es difícil de ver desde el panel de sesiones. Hay que cruzar GA4 con CRM, con email, con producto. Hay que tener un equipo de analítica que mire cohortes en vez de totales. Hay que tener paciencia para que se note la diferencia entre un mes y el siguiente.
Y, sobre todo, hay que QUERER mirar.
El experimento de Lily Ray de mayo lo deja muy claro: analizó 220 dominios en páginas de “customer stories” de plataformas de contenido IA. Sitios que han podido escalar volumen con asistencia de modelos. El 54% perdió al menos un 30% del tráfico orgánico pico. No el 5%. No el 15%. Más de la mitad, caída brutal. Si eso no te estropea el año, no sé qué lo hará.
No es un problema de IA. Es un problema de incentivo. La IA solo está acelerando la curva que ya estaba dibujada. El que tenía un cuadro de KPI sano usó la IA para producir más y mejor. El que tenía uno roto pudo usar la IA para producir más y peor, más rápido.
Me suena a tantas cosas esto...
El core update no inventó el engagement débil, pero sí ha pasado a cobrar la factura.
Aquí es donde el debate se pone interesante para 2026.
Google publicó en mayo de 2025 una guía oficial sobre cómo aparecer en sus funciones generativas (AI Overviews y AI Mode). No revela ninguna técnica nueva, y ese es justo el mensaje: las funciones con IA beben del mismo índice y de las mismas señales de calidad que el ranking clásico, solo que reforzadas. Traducido: si a tu marca no la citaban los humanos, tampoco la van a citar los modelos.
Aquí cierran el círculo el zero-click, el null-click y el modelo agéntico. Cuando el usuario deja de cliquear y se queda con la respuesta, la única forma de seguir existiendo es ser la fuente que el sistema decide citar.
Y esos sistemas no citan a quien lleva tres años persiguiendo el clic fácil. Citan a quien tiene una reputación que pueden encontrar, recuperar y reproducir con confianza.
La 3ª orden del click-chasing es perder la conversación que va a sustituir a la SERP. Y eso no se recupera en un sprint.
Lo cuenta también Aleyda Solis con su marco de tres capas: presencia, readiness e impacto. El click-chasing falla en las tres a la vez. No te citan, no estás técnicamente listo para que te citen, y aunque te citaran no convertiría porque la promesa no cumple. Tres ceros seguidos.
Si te dedicas a contenido editorial puede que pienses que esto solo va contigo. Spoiler: no.
El mismo bucle existe en otros ámbitos:
E-commerce con catálogo grande. Generan miles de PLPs ultra-finas (las páginas de listado de producto) para arañar long tail (combinaciones marca + categoría + ciudad + año) sin que ninguna resuelva una intención real. Lo que el usuario quiere comprar está a tres clics más adentro. Esas PLPs convierten al 0,1%, el tráfico cae con cada actualización de calidad y dirección pide “más SEO”, como si se pudiera comprar por Amazon.
Afiliación y comparativas. Publican veinte artículos por nicho con el mismo esqueleto cambiando el producto. Posicionan rápido, recogen comisión durante un trimestre, el siguiente core update los borra del mapa y, venga, a empezar de cero con otro nicho. Es agricultura migratoria.
Blogs corporativos. Calendario editorial impuesto desde marketing como “tres posts por semana”, sin propósito por pieza. Llenan, no informan. La autoridad de marca no se mueve. El equipo se quema. Nadie revisa qué se ha publicado el mes pasado.
El mecanismo es idéntico. Cambia el sector, cambia el nombre del KPI, cambia el discurso que se le da a quien toma las decisiones, firma las nóminas y paga las facturas. La forma del problema es la misma: optimizar 1ª orden destruye 2ª y 3ª.
Aquí te doy mi receta personal. Cinco capas y en cada una el KPI que conviene jubilar y el que pones en su lugar:
Audiencia. Jubilas el KPI de sesiones y pageviews. Pones retención de cohorte a 30 y 90 días.
Monetización. Jubilas el KPI de ingresos por sesión. Pones margen por sesión o por suscriptor activo.
Producción. Jubilas el objetivo por volumen de publicaciones. Pones tasa de piezas con engagement útil, con el “útil” definido de antemano.
Marca e IA. Aquí no había nada que jubilar, porque nadie lo medía hasta hace unos meses de manera presentable. Pones citaciones detectadas en LLM y AI Overviews.
Confianza. Tampoco había nada. Pones tasa de retorno desde búsqueda o asistente.
Fíjate que las dos últimas capas no tenían KPI al que renunciar. Esto no es una casualidad: lo que mide la salud a largo plazo es justo lo que nadie estaba mirando hasta ahora con seriedad (bueno, igual tú sí, pero, seamos sinceros, no es común).
No tienes que adoptar las cinco a la vez. Tienes que adoptar al menos UNA que rompa la lógica de “más sesiones = mejor”. Con una sola que cambies, el equipo empieza a hacer preguntas distintas. Con dos, el calendario editorial se reescribe solo. Y ambas cosas serían noticias excelentes.
Si tu agencia o tu equipo interno se resiste, ya tienes información. La resistencia te dice exactamente quién está beneficiándose de “lo que se ha hecho siempre”.
Es hora de romper cosas.
Si gestionas marketing o producto editorial, esta es la lista corta:
Audita el bonus. ¿Qué KPI dispara las variables del equipo y de la agencia? Si es sesiones, ya sabes por qué tu plan editorial es el que es.
Mide retención por cohorte de adquisición. GA4 ya lo soporta de serie. Cruza con tu CRM si lo tienes. Identifica las cohortes que vuelven y las que no.
Haz un mapa de canibalización y dilución. Pasa el corpus por una herramienta de clusters semánticos (open o de pago, herramienta SaaS o lo que prefieras) y mira qué páginas casi dicen lo mismo. Decide qué consolidar y qué archivar. Esto enlaza con el post de hace tres semanas sobre cómo procesan las IAs tu contenido. Nota: ojalá siguiera existiendo SafeCont.
Reescribe el calendario editorial con propósito. Cada pieza con audiencia, intención, KPI de éxito y criterio de archivo. Si no se puede definir, no se publica.
Pacta con dirección un acuerdo de KPIs nuevo de seis meses. Tres KPI como máximo (recomendación: retención + margen por sesión + citaciones detectadas). Sin sesiones como métrica primaria. Revisión trimestral honesta.
Cualquiera de las cinco es difícil. Las cinco juntas son casi imposibles sin apoyo arriba. Por eso el primer paso es la conversación con dirección. El segundo es darle un marco que entienda. Para eso sirven los tres órdenes.
Nadie dijo que sobrevivir en estos tiempos tumultuosos fuera fácil.
El click-chasing tiene fecha de caducidad. Tres meses, cinco a lo sumo... Dos años, quién sabe... Me da igual. Durará hasta que el siguiente core update significativo borre lo acumulado. Los que llevan ya dos rondas y siguen optimizando 1ª orden no es que no lo sepan. Es que su contrato de KPI no les deja hacer otra cosa.
La conversación que vale la pena tener no es “cómo recuperar tráfico”. Es “qué tendría que ser verdad para que tu calendario editorial cambiase”. Si la respuesta a esa pregunta empieza por “que cambie el bonus”, ya tienes el primer punto del plan.
Y si la respuesta empieza por “no se puede tocar el bonus”, ya tienes la información que necesitabas para decidir si esa cuenta o ese empleo te interesa los próximos dos años.
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