La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aseguró la semana pasada que la regularización extraordinaria de migrantes no ha provocado un efecto llamada. Para sostener su argumento, añadió que se está produciendo una “importante caída” en la llegada de irregulares a España. La regularización, cuya primera fase se cerró el martes pasado, ha permitido regularizar a más de un millón de personas. Y las solicitudes han duplicado las previsiones iniciales del Gobierno. Pese a ello, la ministra insiste: no hay efecto llamada.
¿En qué se basa para hacer esta afirmación tan categórica? Respuesta: en las llegadas por la ruta atlántica hacia Canarias, que según Frontex se han desplomado un 71% en el primer semestre de 2026 respecto al mismo periodo de 2025. Es un dato real. Pero merece la pena preguntarse si es un dato que niegue el efecto llamada.
Frontex lo explica en su informe de julio de 2026: el descenso de llegadas se debe a “las medidas preventivas implementadas por Mauritania, y más recientemente por Senegal y Gambia, en cooperación con España y la UE”. Son los guardacostas de estos tres países los que están interceptando embarcaciones antes de que salgan. La Unión Europea ha movilizado además 950 millones de euros para financiar esta cooperación. Es una política de externalización de fronteras que empezó antes de la regularización (2024-2025) y que Frontex atribuye exclusivamente a la colaboración con los países de origen. En ningún momento menciona la regularización española como factor explicativo. No significa esto que no haya efecto llamada; sino que los migrantes son detenidos antes de concluir su viaje.
Es decir, la ministra coge un dato que baja por una razón concreta y documentada, previa a la regularización, y lo presenta como prueba irrefutable de que su política funciona.
Lo que sube y lo que no se mide
Pero Canarias no es la única puerta de entrada. Los datos del propio Ministerio del Interior muestran que las llegadas terrestres a Ceuta y Melilla entre el 1 de enero y el 15 de junio de 2026 han pasado de 858 a 2.586 personas. Es un aumento del 201,4%. Solo en Melilla, la subida es del 38,8%. Es más: la ruta del Estrecho y el Mediterráneo occidental es, según Frontex, la única de toda la Unión Europea que ha registrado un aumento en el primer semestre de 2026: un 17% más de cruces detectados, con 7.860 llegadas impulsadas por salidas desde Argelia. Frontex lo atribuye al desplazamiento de las redes de tráfico ante los controles más estrictos en la ruta atlántica. La presión migratoria no ha desaparecido… sencillamente, se ha movido de sitio.
Y luego está la vía de entrada que nadie menciona. La mayoría de las entradas de inmigrantes irregulares en España no se produce ni por Canarias, ni por el Estrecho, ni por Ceuta y Melilla. Se produce por los aeropuertos. Y es mayoritariamente sudamericana, no africana. Son personas que entran con visado de turista y se quedan cuando el visado expira.
Si hay un lugar donde medir el efecto llamada de una regularización, es ahí. Alguien en Bogotá, Lima o Quito que se plantea viajar a España con intención de quedarse tiene muchas más posibilidades de enterarse de una regularización que un pescador en Mbour o un migrante en tránsito por Agadez. El efecto llamada, si existe, se vería en las terminales de Barajas, no en los cayucos frente a las costas mauritanas. Pero esos datos no se han publicado. No sabemos cuántas personas han entrado por los aeropuertos españoles con intención de quedarse en lo que va de 2026, ni si esa cifra ha subido o bajado desde la regularización. La ministra utiliza la ruta atlántica porque es la más visible mediáticamente y porque es la única que le da la razón. Pero no puede afirmar que no hay efecto llamada cuando no tiene (o no ha compartido) las cifras que realmente lo medirían.
Lo que la caída esconde
Que lleguen menos personas a Canarias no significa que menos personas lo intenten. Solo una visión profundamente eurocéntrica mide el efecto llamada en función de las llegadas a Europa, sin considerar a aquellos que lo intentan y perecen en el camino.
Según el colectivo Caminando Fronteras, entre enero y mayo de 2026 murieron 635 personas en la ruta canaria. La tasa de letalidad se ha duplicado: muere una persona por cada cinco que llegan a tierra, frente a una por cada 7,4 en el mismo periodo de 2025. El refuerzo de los controles en Mauritania y Senegal ha empujado los puntos de salida más al sur, hacia Gambia y Guinea, alargando la travesía y multiplicando el riesgo. Las embarcaciones recorren más kilómetros de océano abierto, durante más días, con menos posibilidades de ser rescatadas. Llegan menos cayucos, pero los que salen tienen más probabilidades de no llegar.
Lo honesto habría sido decir algo parecido a esto: el endurecimiento de las fronteras en las costas africanas, financiado por la UE y ejecutado por Mauritania, Senegal y Gambia, ha reducido las llegadas a Canarias. Pero la presión se ha desplazado a otras rutas que están subiendo. Y todavía no sabemos qué peso tiene la regularización en el efecto llamada porque no tenemos los datos de la principal vía de entrada irregular, que son los aeropuertos. Eso no queda tan bien en una entrevista, pero tiene la ventaja de ser verdad.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.