Ser fuerte no es no necesitar a nadie. Eso no es fuerza: es soledad con buena reputación.
El fuerte de verdad es el que empieza a tomarse a sí mismo en cuenta y elige dejar de sostener lo que no le corresponde.
Hay una idea que me ayudó a entender esto. Viene de Mel Robbins, autora del libro The Let Them Theory (La teoría Let Them), te lo recomiendo. El mensaje es ese: ¡Déjalos!
Déjalos resolver lo suyo. Déjalos sentir lo que sienten. Déjalos cargar su parte.
Porque buena parte del peso que llevas encima no es tuyo.
Es de otros.
Y en algún momento decidiste cargarlo creyendo que ese era tu trabajo.
Y no lo es.
En algún momento de tu camino, confundiste tu deseo de ser querido y de ser mirado, de ser valorado, mediante el comercio. Vendiste apoyo para que te compren afecto.
Necesitas aprender a recibir cariño y afecto tan solo por ser tú, no por resolverle la vida entera a alguien. De lo contrario, confundirás a ese alguien; terminará deseando solo tu apoyo…, pero no necesariamente a ti. Y luego, eso te confundirá a ti de vuelta.
Podrá llegar el momento en donde te sentirás usado…, sin recordar que tú fuiste quien empezó el intercambio. A veces, sin darte cuenta, le enseñaste que contigo podía recibir sin hacerse cargo de su parte.
Más adelante, el deseo del otro para que siempre le resuelvas todos sus problemas, al principio te confundió y creíste que eran manifestaciones de amor. El tiempo te develará que nunca lo fueron. Te llegaste a creer un príncipe azul y descubriste que solo eras un proveedor, pero ya sin ningún intercambio. He visto una excepción: si el otro (o la otra) empieza a suponer que perderá tu apoyo, puede ofrecer ocasionalmente “algún favorcito” a cambio. Pero no más que eso.
Sé fuerte y valiente.
A veces, necesitarás apoyo. Para esto estamos los terapeutas. Aprovecha si te es posible.
Deja ir.
Nadie mejor que tú sabe a quién y cuándo tienes que dejar ir.
Sí, lo sabes. Y lo sabes muy bien.
Si crees que estás confundido, revisa tu temor a no sentirte querido si retiras tu apoyo, porque eso es lo que te detiene; sería una dolorosa señal de que buena parte de ese vínculo dependía más de lo que dabas que de quien eras. Déjala. Déjalo. ¿Recuerdas las etiquetas de algunos productos: “úsese y tírese”? Se te pasa, más te pareciste a un producto útil, que a una persona a la que se amó.
Saber la verdad es liberador. No te desanimes. Créeme. Espera un tiempo y pasarás de la tristeza al coraje y terminarás en alegría y liberación. Es un caminito. Uno de crecimiento. Lo he visto por años. Lo he vivido también.
Soltar no es abandonar a quien amas. Es dejar de vivir la vida de todos para empezar, por fin, a vivir la tuya. Es confiar en que los demás también pueden con lo suyo, como tú pudiste siempre con lo tuyo. Tú eres la mayor prueba de que alguien puede.
Deja que otros puedan. Concédeles la dignidad de poder.
Deseo que, al dejar ir, se abran las puertas para que algún día salgas y alguien te voltee a ver con una mirada tal que llegue a pensar: “¡Ahí está! Es con quien siempre había soñado. Existe”. ¡Y que surja el amor!
No un negocio de intercambio.
Deja ir. En paz. Y con entusiasmo.
Te recomiendo escuchar mi audio "Sé libre". Lo encuentras en mi Academia en línea, haciendo clic aquí.
¡Emoción por entender!
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