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Alberto y Raquel · Jul 5, 2026

La Gatita Corregidora

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Alberto y Raquel · Alberto y Raquel

¿Cómo les va? Esperamos que estén muy bien. Aquí está nuestro boletín para el mes de julio de 2026.

Nos alegra mucho que se animen a seguir leyéndonos y acompañándonos, sea como suscriptores gratuitos o de paga. Ya saben que esta es su casa. 🥰

Y no olviden que siempre pueden escribirnos. Pueden hacerlo en cualquiera de nuestras redes sociales, respondiendo directamente a este correo, o a través de las formas de contacto en las páginas de Alberto o Raquel.

Finalmente, si conocen a alguien que podría interesarse en este boletín, ¿se lo podrían reenviar? Todo lo que hace falta es apretar este botón:

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A nosotros nos ayuda cualquier contacto de nuestras publicaciones con alguien que no aún las haya visto. Muchísimas gracias.

Como ya saben algunas y algunos de ustedes, el mes pasado nos enfermamos un poco feo, y no pudimos transmitir casi nada de los programas que teníamos previstos. Por esa razón, retomaremos algunos de ellos en julio.

  • 7 de julio: #Escritura2026 — Dónde encontrar buenos ejemplos

  • 14 de julio: Drácula, una novela moderna

  • 21 de julio: Dedicatorias

  • 28 de julio: Pita Amor, la escritora secreta

Todos los programas serán a las 21:30 horas, tiempo del centro de México, en nuestro canal de YouTube, donde también está disponible el archivo completo de nuestras transmisiones y videos desde 2015.

Se ha publicado Once, un libro acerca de futbol coeditado por el programa Alas y Raíces –que difunde la lectura entre niños, niñas y adolescentes de México– y la editorial Sexto Piso. Este libro contiene, entre otros textos, un cuento nuevo de Alberto y la única historia que ha escrito sobre el deporte de las patadas. Se titula “Estrella” y trata de amistad, espíritu de equipo y un torneo.

El libro se va a presentar dos veces: primero el martes 14 de julio en la Librería Gandhi Mauricio Achar…

…y unos días después, el 17, en la Biblioteca de México, a las 11:40 horas.

Este evento iba a ser el mes pasado, pero se reagendó: el jueves 16, a las 11:00, participaremos en una reunión del club de lectura del Centro Cultural del México Contemporáneo (CCMC), acerca de las novelas La noche en la zona M de Alberto y Ojos llenos de sombra de Raquel. El CCMC está en Leandro Valle #20, en el Centro Histórico de la ciudad de México.

(Cualquier corrección o adición la pondremos en nuestras redes sociales.) 🤓

Raquel — En estos días estoy con una novela sobre Pita Amor, una de mis poetas favoritas. Hace unas semanas me puse a ver videograbaciones antiguas de ella y, aunque sabía lo básico de su biografía, me dieron ganas de saber más. Así que me conseguí Los demonios de mi cuerpo, de Sandra Frid, y debo decir que me causa mucho conflicto. Es decir, está muy bien escrito y es muy interesante, pero ¡qué difícil era Pita, caray! En fin. Apenas voy en su adolescencia, pero yo creo que en unos pocos días lo termino. Entretanto, sí lo recomiendo.

Alberto — El mes pasado que estuve en Huacayo, Perú, tuve el gusto de encontrarme con muchas personas que me regalaron libros. Parece mentira, pero esta sigue siendo la única forma de encontrarse con algunas novedades, o incluso textos considerados clásicos, que no salen de su país ni, para el caso, de su región. El libro que estoy leyendo es uno de esos: No lleven huaynos a mi tumba de Daniel Mitma, publicado en 2024 por la editorial Dendro. Es el primer libro de su autor, y es estupendo: se deja leer fácil y rápido, sin pausa. Es la historia de un periodista que investiga (o inventa) un episodio escandaloso en la vida de la cantante más querida de la música andina, con consecuencias inesperadas y terribles (para él). Huayno es el nombre de un tipo de baile colectivo de la región andina del Perú. El título significa, pues, algo así como “no hagan un baile cuando me muera”. Aún no llego a la parte en la que la frase se explica, pero ya estoy anticipando que el protagonista no va a acabar bien…

El título de esta película es desafortunado: no es muy apetecible en su idioma original y al ser traducido acabó todavía peor. No es solamente que Lago Caddo suene un poco feo, monótono. Los horrores de Caddo Lake, que fue como al fin le pusieron en castellano, crea expectativas falsas porque esta no es una película de terror, sino de misterio, y si uno llega buscando lo que no va a encontrar tal vez se decepcione. Tal vez no se dé cuenta de que esta es una muy buena película.

Sus directores y guionistas son Celine Held y Logan George, una pareja de cineastas que siempre trabaja en equipo y se dio a conocer con cortometrajes (uno de ellos, Caroline, estuvo nominado a una Palma de Oro de su especialidad en el Festival de Cine de Cannes) y otros proyectos independientes. Caddo Lake se desarrolla en un escenario peculiar: un bayou –zona pantanosa donde se juntan muchos arroyos navegables y poco profundos– en Texas, cerca de la frontera con Louisiana. Los personajes, habitantes de un pueblito a la orilla del bayou, viven sus vidas cotidianas al borde del agua y se desplazan más en lanchas de motor que en automóviles. El bayou no es el típico bosque de tantas películas de susto: tiene árboles altos e inquietantes, zonas oscuras, criaturas amenzadoras que se aparecen a lo lejos, pero también tiene agua, que retrocede cuando hay sequía, crece con la lluvia y, cerca de las zonas habitadas, acaba llena de desechos, en los que los botes se atascan.

La película cuenta las historias de dos personajes: Ellie (Eliza Scanlen), una joven conflictiva que resiente el abandono de su padre, y Paris (Dylan O’Brien), un hombre que se ha apartado de su familia tras la muerte de su madre. Los dos están heridos, atorados en lo que les sucedió. Ellie reacciona a todo con estallidos de ira y Paris se retrae, como si quisiera dejar de existir, mientras se obsesiona con los ciclos de sequías e inundaciones del bayou. Ambos descubren, por separado, una extensión de pantano a la que sólo se puede llegar cuando las aguas bajan. En ella pasan cosas extrañas: se ven animales que se creían extintos y también objetos de origen inexplicable, o tal vez de un tiempo futuro. En el transcurso de unos pocos días, el descubrimiento –y una desaparición misteriosa, que pone al pueblo de cabeza– lleva a Ellie y a Paris a investigar el enigma, por separado, para salvar una vida.

En la promoción de Caddo Lake –que se filmó para televisión y se estrenó en 2024– se destaca mucho el nombre del productor: el director M. Night Shyamalan, famoso por películas con vueltas de tuerca como El sexto sentido, Señales o La aldea. Nos imaginamos que el guión de Caddo Lake le gustó desde el principio: es muy elegante a la hora de presentar sus dos historias, las formas en que se entrelazan y el destino fatal que revelan.

Ah, y sin decir mucho más, podemos avisar que quienes conozcan la serie alemana Dark encontrarán más de un detalle familiar en Caddo Lake, aunque ésta es más contenida, con un reparto y un misterio más pequeños y una conclusión (pensamos) más satisfactoria.

Hoy (el día en que escribo esta nota) me han avisado que murió una persona a la que quise mucho. Hace treinta años, antes de que conociera a Raquel, fuimos pareja por cerca de año y medio. Después la relación terminó y cada quien siguió su camino. Aunque de vez en cuando volvimos a coincidir, harán al menos diez o doce años que no hablaba con ella.

Me parece que no hay una palabra para la emoción que tengo en estos momentos: es una pena sorda, tenue, pero no menos real. No es un dolor intenso. No es nostalgia. No es tristeza por lo que no fue. Mi vida no se acabó con esa relación: ha continuado y he tenido en ella experiencias, buenas y malas, a las ahora que no querría renunciar. Ella, estoy seguro, hubiera dicho lo mismo, y tal vez llegó a decirlo a otras personas.

No hay nombre para lo que sentimos cuando muere alguien que estuvo en nuestro pasado y allí se quedó. Tal vez hay algo de egoísta en ese sentimiento, o tal vez, por el contrario, hay algo brillante y bueno, pero que ahora deberá pasar al olvido: un residuo, el último, del afecto que dejó de existir.

Esto es lo primero que escribo en dos semanas. O sea, escribí varios mensajes de whatsapp en estos días, pero nada más para avisar a algunas personas que la gripe de Alberto se me había contagiado y que estaría un poco lenta un par de días; y otros más para avisar que sería más que un par de días y más que estar un poco lenta, porque el bicho resultó más bravo de lo que esperaba. Luego hubiera tenido que mandar mensajes a amistades, empleadores, estudiantes, familia y proveedores de servicios varios, pero ya no fue posible. Ni siquiera pude llenar mi quiniela para la jornada 2 del mundial.

No sé en qué momento la “gripita” se convirtió en un malestar general que me hacía soñar cosas raras y emitir una variedad de ruidos de lo más extraño. Juntas, estas dos características de mi malrato me hicieron creer que había un gatito bebé debajo de mi cama (estaba segura), y tardé horas en descubrir que el maullido que escuchaba era producido por mis bronquios. El virus, además, resultó versátil: a Alberto le afectó sobre todo los bronquios, pero en mi caso decidió hacer un tour gastrointestinal, con tan maravilloso timing que le atinó a lo que mis tías llamaban “mis días del mes”. No quiero entrar en detalles, pero si ustedes creen que tener tos y ganas de hacer pis es una combinación incómoda, van a alucinar si les toca el combo tos + diarrea + periodo + gatito-que-chilla-en-los-alveolos mientras dos gatos de verdad (es decir, no de alucine; es decir, Romy y Chachito) tratan de dormir en tu regazo.

Y con todo lo aparatoso y molesto y caótico que resultó, nunca dejó de ser una “gripita”: en ningún momento hubo necesidad de ir a Urgencias o algo así. Sobre todo, aunque sabíamos que no hay nada que hacer con los virus, excepto tomar agua y guardar reposo, me quedaba claro que iba a llegar el día de hoy. No me refiero a la fecha exacta de hoy, jueves 24 de junio (¡chin, toca pagar tarjetas!) sino el día en que me sintiera lo suficientemente bien como para escribir unas líneas al respecto. No quiero parecer de esas optimistas tóxicas, pero creo que sí hay motivos para estar de buenas. Pienso en las personas que viven con discapacidades crónicas, en quienes no pueden faltar a un trabajo en lo que se debilita un virus, en quienes no tienen dónde o cómo guardar reposo. También en quienes, hace no tantísimo tiempo, morían por enfermedades que ahora nos parecen poca cosa, inconvenientes latosos pero no cuestiones de vida o muerte.

(Ah, pero ahora pienso en que el hecho de que mi situación particular sea mejor que la de otras personas o épocas, no le quita legitimidad al hecho de que me sentía de la chingada, y que en vez de salir de una gripa a resolver pendientes yo quisiera empezar mi retorno a la cotidinanidad con un masajito y una larga siesta. Porque lo que duerme uno cuando está enfermo será reposo pero no es descanso).

Como podrá deducir quien lea estas líneas, estoy mejor de las vías respiratorias y de la panza pero mi cabeza aún no acaba de pensar derecho. Así que no intentaré dedicarme hoy a mi pendiente más urgente (el coso que estoy escribiendo en estos días) sino a los pendientes chibi que se han acumulado alrededor. Y cada que me den ganas de mentar jijos y jajos, veré de acordarme de que tengo suerte de que nomás fue una gripita. Ommm...

…una cuyo nombre no sabemos, y que encontramos en la zona poniente de la Ciudad de México, en un edificio de gobierno. En la foto no se ve, pero tenía su casa y su platito cerca, entre las plantas de la jardinera, y además estaba preñada. Nos miró unos segundos y se dejó acariciar un poco, pero luego se apartó y no nos dijo ni miau. Como estaba en su base de concreto, como en un monumento, la llamamos La Gatita Corregidora (con el perdón de nuestras amistades que no sean de México, y no se sepan la historia de su contraparte humana). 😺

¡Muchas gracias por leernos!

—Alberto y Raquel

Gracias por leer Alberto y Raquel. Si quieres compartir este boletín, te lo agradeceremos mucho.

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Read the original on albertoyraquel.substack.com

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