Un episodio ocurrido en 1933 me quita el sueño.
El 12 de junio de ese año comenzó la Conferencia Monetaria y Económica Mundial de Londres. Aunque no tenía a todo el mundo presente, sí que reunió a representantes de 66 naciones. El objetivo declarado era triple: acordar medidas para combatir la Gran Depresión, reactivar el comercio internacional y estabilizar los tipos de cambio. Tres objetivos sencillos, lo típico de cualquiera de estas conferencias, y falsos también, como suele ocurrir en este tipo de conferencias.
La pregunta real era tratar de reconstruir el patrón oro, que había sido abandonado por Reino Unido en 1931 y por Estados Unidos en 1933. Pero ni siquiera era ese el objetivo real. En realidad era simplemente convencer a Estados Unidos de que no devaluase su moneda. Convencer a Franklin Delano Roosevelt de que no iniciase una guerra comercial depreciando el dólar a propósito para hacer más atractivos los productos estadounidenses.
¿Y por qué pensaba el mundo que esta era una posibilidad? Porque en su discurso inaugural de marzo de 1933 ya había avisado. Dijo: “No escatimaré esfuerzos para restaurar el comercio mundial mediante el reajuste económico internacional.” Pero, y el pero es lo importante, añadió: “La emergencia en casa no puede esperar a que eso se logre.” Es decir: primero arreglamos el problema de casa y luego ya nos preocupamos del comercio global.
En mayo de 1933, solo un mes después, sacó a Estados Unidos del patrón oro y confiscó el oro de los ciudadanos con la famosa Orden 6102. El mundo ya estaba avisado de que iba en serio.
En junio acudió a la famosa Conferencia Económica Mundial e hizo como que se dejaba convencer, pero realmente no acabó de hacerlo. Apenas unas semanas después del comienzo de la reunión, en un mensaje enviado por radio desde el yate presidencial, anunció que no perseguiría los objetivos tratados en la conferencia y que no se comprometería a no devaluar el dólar.
Como puedes ver, FDR comparte muchas similitudes con Trump. Trump también quiere arreglar lo de casa antes de arreglar lo de fuera, tampoco le importa demasiado jugar con la divisa, y también le gusta mandar mensajes en movimiento, en su caso no desde el yate presidencial, sino desde el avión presidencial, que es bastante más práctico.
Ese día Roosevelt tomó la decisión de ir por su cuenta, devaluar el dólar y no volver jamás a estar atado al oro. Una decisión que marcaría el resto de la década.
A la salida de esa conferencia se crearon varios bloques. El bloque de los que prefirieron devaluar su divisa, donde estaban Estados Unidos e Inglaterra y los países que siguieron a Reino Unido en Europa. El bloque del dólar, con Estados Unidos y su área de influencia, con un dólar también devaluado. Y el bloque del oro, liderado por Francia, con los países que prefirieron mantenerse dentro del patrón oro. Los franceses y el oro: una gran historia juntos.
Sin embargo, este bloque del metal no duró demasiado. En 1936, es decir, tres años después, Francia acordó devaluar su moneda, muriendo así el bloque del oro. Bélgica, Luxemburgo y los demás ya habían salido antes. En el espacio de tan solo seis años, oficialmente todos los principales países habían abandonado el patrón oro y se habían mudado a un dinero fiat.
Hoy hace exactamente 90 años desde que todos se pasaron al fiat.
Movidos por los incentivos que generó la salida de Estados Unidos, las monedas se empezaron a devaluar en cadena. Pero, ¿por qué tanto apetito por las shitcoins?
Aquí conviene explicar la dinámica que hacía que salirse del oro fuera tan tentador. Cuando un país devalúa su moneda, sus exportaciones se abaratan para el resto del mundo y sus empresas ganan competitividad de golpe. Los que se quedaban en el oro veían cómo su moneda era relativamente más cara, lo que penalizaba sus exportaciones y prolongaba su depresión.
Este episodio tan triste del siglo XX -triste si como yo crees que un dinero duro es mejor para una economía-, me hace pensar en una posibilidad más optimista. ¿Se podría invertir el episodio de 1933?
Cuando Estados Unidos abandonó el oro y decidió no volver, los países que se quedaron en el oro sufrieron. Y sufrieron por una razón muy concreta: mientras el resto de países se puso a inflar la moneda para licuar su deuda y reactivar sus economías, ellos se quedaron atados al metal. Su moneda se encareció frente a la de los devaluadores, así que les costaba más exportar e ingresaban menos. Pero lo peor vino por su estructura de capital donde tenían importantes deudas derivadas de la guerra. Y como su moneda estaba clavada al oro, deber en su propia divisa era, en la práctica, como deber en oro: tenían debajo un activo duro que no paraba de apreciarse, y la deuda se apreciaba con él. Los países que se quedaron en el oro, como la gente honesta, lo pagaron caro. Se enfrentaron a una depresión más prolongada.
Pero hoy la situación es la contraria. Hoy todos los países tienen deudas, pero las tienen denominadas en dinero fiat, y esto puede marcar toda la diferencia. En los años 30, el que estaba atado a un activo duro perdía. Pero hoy la solución inteligente puede ser justo la contraria. Hoy, si te pasas al dinero duro, podrías quitarte de un plumazo esa deuda.
Veamos cómo sería este escenario. Si un país dice “me voy a Bitcoin” y el resto se queda con el fiat, igual que Roosevelt anunció que salía del patrón oro dejando a los demás en el oro, ese país podría seguir comerciando con el resto vía dólares. Es decir, el comercio exterior seguiría siendo en dólares, pero su divisa local sería Bitcoin. De esta manera no hay fricción cambiaria con el resto de países para comerciar.
Bajo ese esquema podrías tener una economía saludable. Sí, deflacionaria, pero no deflacionaria mal. El problema de una economía deflacionaria es que si tienes deudas en activos duros como oro o Bitcoin, como ganas menos dinero nominal, la deuda te pesa más y te cuesta más quitártela de encima. Pero en este caso, si tienes deudas antes de tu tránsito al sistema Bitcoin, esa deuda está en dólares o en tu divisa actual. Y en ese sentido la deuda desaparece, porque como Bitcoin se aprecia frente a las divisas fiat (generalmente), tu capacidad de repago mejora, no empeora. De manera que puedes liquidar más rápidamente la deuda.
El obstáculo real podría ser el acceso a los mercados, una especie de castigo o exclusión del sistema financiero por parte del resto de países. Pero si el comercio exterior sigue fluyendo en dólares, por ejemplo usando stablecoins, es difícil ver dónde estaría el problema.
Lo que me gusta de este escenario es que si un país lo hace, si simplemente se pasa a Bitcoin manteniendo sus deudas actuales sin quitárselas, y consigue hacerlo funcionar, liquidaría esa deuda con la apreciación de Bitcoin. Y no tendría por qué sufrir las consecuencias que sufrieron los que se quedaron en el oro en los años 30.
Al revés, lo que provocaría es el movimiento inverso al ocurrido en esos años: forzaría al resto a seguir o quedarse atrás. Un espejo de lo vivido hace 90 años, pero en la dirección contraria.
¿Hay huevos?

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