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Le Blog d'Alain Marshal · May 24, 2026

Llamamiento a una acción antirracista en el 54.º Congreso de la CGT (Francia)

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Alain Marshal · Le Blog d'Alain Marshal

Porque la CGT (Confederación General del Trabajo, uno de los sindicatos más grandes, antiguos e influyentes de Francia) debe tratar en igualdad de condiciones a sus afiliados y representantes electos procedentes de minorías y protegerlos — no acosarlos, ponerlos en peligro mediante calumnias islamófobas, encubrir agresiones racistas ni “llevar a la hoguera a quienes se atrevan a romper el tabú del racismo y la discriminación racial.” Y para que la “lucha contra las ideas de extrema derecha” sea algo más que un eslogan vacío.

Por Alain Marshal

Del 31 de mayo al 5 de junio, la CGT francesa celebra su 54.° Congreso Confederal en el Parque de Exposiciones de Tours. Estaremos allí. E invitamos a todos los que se sientan concernidos por estos problemas a unirse a nosotros.

No para perturbar. Para hacer oír nuestras voces, como hemos hecho en diversas ocasiones cuando todavía llevábamos el chaleco de la CGT, o durante el 130.° aniversario del sindicato en Montreuil (municipio del extrarradio parisino).

Salah L. se afilió a la CGT Educ’action del Puy-de-Dôme, en el centro de Francia (departamento 63), en mayo de 2023. Su activismo lo llevó a ser invitado a presentarse para cargos en el Secretariado y en la Comisión Ejecutiva del sindicato de enseñanza. Fue elegido en el Congreso del sindicato al mes siguiente, pese a un intento del Secretariado de retirar su candidatura en el último momento: fue esta la primera señal de una marginación sistemática motivada por las opiniones que expresó durante los debates. Creer que, cuando te llamas Salah y tienes convicciones ligadas a tu identidad árabe-musulmana, gozas de los mismos derechos que Frédéric, Sophie, Marie, François-Xavier, Josette, Marie-Catherine, Kévin, Corinne y demás Mérovée — sus “camaradas” del Secretariado y de la Comisión Ejecutiva — fue un error fatal.

A partir de entonces, se puso en marcha un mecanismo de exclusión: negativa de acceso a los recursos del sindicato (desde las llaves del local hasta la cuenta de correo electrónico), exclusión de todas las actividades del Secretariado, retención de información (sobre el número de horas de dispensa sindical y su distribución, etc.), e incluso la privación de un derecho del que disfrutan todos los afiliados, incluso los no electos — a saber, el derecho a la formación. ¿El motivo extraoficial? Un “conflicto de valores” vinculado a sus posiciones minoritarias, en particular sobre las escuelas confesionales y, tras el 7 de octubre de 2023, sobre Palestina: su denuncia de las posiciones de la Confederación como demasiado próximas a la propaganda israelí fue citada explícitamente como “el punto clave” y el agravio “más grave” que justificaba su expulsión, por reconocimiento del propio Secretario Académico y del Tesorero de la CGT Educ’action 63. Se los escucha claramente en estos fragmentos de audio.

Durante una reunión del Secretariado el 10 de noviembre de 2023, con un resultado de nueve contra uno, entre insultos, obscenidades y una amenaza apenas velada de agresión física, se intentó forzarlo a dimitir. Un miembro del Secretariado lo acusó públicamente de haberle llamado “infiel” — una calumnia islamófoba descarada destinada directamente a intimidarlo y a debilitarlo en su vida cotidiana, siendo además el cargo electo en cuestión también su compañero de trabajo. Esta acusación podría, si llegara a sus superiores, provocar su suspensión o su destitución, o incluso — teniendo en cuenta la petición que promovió para exigir un apoyo genuino de la CGT a la causa palestina (firmada por 7 sindicatos de la CGT y cientos de responsables, afiliados y simpatizantes) — desencadenar cargos por “apología del terrorismo”: ¿cuántos activistas han sido despertados al amanecer por la policía por mucho menos? Todo esto está documentado en este vídeo del CCIE (Colectivo contra la Islamofobia en Europa), que ha superado las 30.000 visualizaciones en Instagram.

La grabación de esta reunión (transcrita íntegramente aquí) demuestra que Salah nunca pronunció la palabra “infiel”, y que, por el contrario, se describió a sí mismo como un “hereje” respecto al dogma de la infalibilidad de la CGT. Hizo considerables esfuerzos por defenderse y hacer valer sus derechos: su salud física y mental, su familia y su trabajo fueron duramente puestos a prueba en esta lucha desigual entre un individuo y una maquinaria dispuesta a aplastarlo mediante las maniobras más desleales (“No aguantarás”, le auguró el Tesorero de la CGT Educ’ 63). Pero era una causa perdida: ni la Comisión de Conciliación, ni el Comité Ejecutivo, ni los afiliados de base de la CGT Educ’action 63 reunidos en su Congreso, ni la Unión Nacional de los Sindicatos CGT de la Educación Nacional (UNSEN, el organismo nacional de apelación) accedieron a establecer la verdad sobre la discriminación y la calumnia colectiva de que fue víctima Salah, negándose incluso a interrogar a los testigos presentes, como si la amalgama entre islam y extremismo y las actitudes discriminatorias hacia los cargos electos “minoritarios” demasiado apegados a sus convicciones fueran algo evidente.

Para colmo, el hecho de haber efectuado esta grabación clandestina — una medida que la propia CGT preconiza, apoyándose en jurisprudencia del Tribunal de Casación, para permitir a las víctimas de acoso moral defenderse — no sirvió para desenmascarar a los calumniadores; se volvió retroactivamente contra Salah como motivo adicional de expulsión, pese a que el carácter imperioso de esta precaución quedaba acreditado por la gravedad de los actos y acusaciones contra él, y por la complicidad de todos los niveles de dirección de la CGT Educ’action.

Expulsado de su sindicato en abril de 2024, Salah vio su expulsión confirmada por la UNSEN en junio. Todos sus recursos ante el Bureau confederal resultaron en vano.

La CGT afirma combatir el racismo y la islamofobia y proclama en voz alta los valores de igualdad y solidaridad. Declara incluso, con motivo de su 54.° Congreso, que se propone “situar la lucha contra la extrema derecha en el centro de los debates.”

Pero la propia Sophie Binet, Secretaria General de la CGT, reconoce que el sindicato “no está a la altura en materia de racismo” y que existe “un problema de islamofobia.” Según una encuesta, el 24% de los simpatizantes de la CGT habría votado por la ultraderechista Agrupación Nacional en las elecciones europeas de 2024.

Por último, en las propias filas de la CGT, un cargo electo procedente de una minoría fue calumniado, puesto en peligro y expulsado por defender la causa palestina y negarse a renunciar a sus convicciones, al tiempo que reivindicaba la igualdad de derechos (quien escribe, en este caso, siendo el seudónimo Alain Marshal un anagrama de mi nombre). Los cargos electos de la CGT que me sometieron a estos malos tratos gozan de total impunidad, pues los organismos de arbitraje funcionan con el mismo celo corporativista que la IGPN (el organismo de control interno de la policía francesa, tristemente célebre por encubrir sistemáticamente los abusos policiales).

Mi caso está lejos de ser aislado.

En su libro Au royaume de la CGT (En el reino de la CGT), publicado en 2020, Jean-Bernard Gervais, asesor de comunicación de la CGT, ya denunciaba, en el capítulo titulado “El antirracismo de toda la vida,” la pretensión de que el antirracismo es “parte integrante del ADN de la CGT.” Contrastaba estas grandilocuentes declaraciones con su propia experiencia: “día a día, la grosería imperante, el rechazo de los militantes migrantes en los márgenes de la Confederación, [que] prueban lo contrario. Basta con aguzar el oído para escuchar horrores en los pasillos de la Rue de Paris [sede de la CGT en Montreuil].” Denunció las burlas racistas sobre sus “orígenes africanos,” el “racismo cotidiano” y la “ley del silencio que impera en la organización” al respecto. “El antirracismo político es rechazado con repugnancia por la CGT. En los pasillos de la Confederación, la propia noción de ser racializado está condenada a la picota,” se lamentaba, denunciando la marginalización de las víctimas del racismo de la propia lucha antirracista — secuestrada por militantes blancos — y afirmando que el concepto de “racismo antiblanco” ha arraigado en el seno de la CGT. Incluso las agresiones racistas son encubiertas por el sindicato, tal como se lee en este revelador extracto:

“Aún más grave: la expulsión de la columna de la CGT, el 1 de mayo de 2018, del responsable de comunicación de la federación de servicios públicos. Árabe norteafricano, fue sacado a la fuerza de la sección delantera de la marcha, de las primeras filas de la manifestación, por el servicio de seguridad de la CGT. Aunque recordó en repetidas ocasiones su condición de cargo sindical de la CGT, estos individuos no le dieron ninguna oportunidad, agrediéndolo e incluso arrancándole el reloj. Para numerosos afiliados a la CGT, esto podría constituir una agresión racista.

Al conocer este gravísimo incidente, Baptiste, secretario general de la federación de servicios públicos, envió una carta a la ejecutiva de la Confederación exigiendo con razón sanciones contra los responsables de esta agresión. La carta de Baptiste quedó sin respuesta…”

En su Carta abierta a Bernard Thibault, Secretario General de la CGT, enviada en 2008 y titulada “La CGT tiene un problema con los negros,” Laurent Gabaroum, sindicalista en Renault, declaraba:

“Lo que en última instancia amenaza a la CGT no es un hipotético comunitarismo negro — que es pura fantasía — sino el comunitarismo blanco, que se ha apoderado de todas las palancas del poder sindical. El negro en la CGT lleva así en sí mismo las semillas de numerosos males ocultos que lo confinan desde el principio al estatus de ‘negro de servicio,’ para regocijo de los potentados. […] Resulta evidente que esta sinarquía — más preocupada por defender su renta de situación y sus prebendas que por asumir las responsabilidades de su cargo — no tiene nada que temer. Disfruta, por los actos discriminatorios que genera en abundancia, de una impunidad que parece tener un estatus casi jurídico, concretamente el derecho de llevar a la hoguera a quienes se atrevan a romper el tabú del racismo y la discriminación racial.”

Incluso en el ámbito laboral, la lucha contra la discriminación no parece tomarse suficientemente en serio, como lamenta Abdelatif Menasri, despedido por denunciar comentarios racistas dentro de su empresa:

“Cuando hablé con el dirigente de la federación de transportes de la CGT, me acusó de mentir. Me dejaron tirado, salvo la sección local, que al menos me ayudó con los gastos de abogado. Les escribí repetidamente, sin resultado. Treinta años en la CGT, y el día que estás en apuros, te acusan de mentir y te abandonan.”

He aquí uno de los testimonios recogidos por la campaña de la CGT contra el racismo, mencionado en el libro Au Royaume de la CGT. Jean-François Ben-Yahia, responsable de los jubilados de la energía del departamento del Hérault, declara:

“¡Ah, era complicado! Algunos ejemplos de racismo, ¡y no son inventados! […] Entré en la sala donde había huelguistas de la CGT […] cuando entré, uno de ellos dijo: ‘Mira, llega un árabe, podremos colgarlo bien alto del mástil de la bandera de la empresa.’ […] Aparte del insulto racista ‘bicot,’ para las comidas te servían filete de camello. El filete de camello es para los ‘bicots’.”

¿Ha cambiado realmente la CGT desde entonces? En total, solo dos afiliados se atrevieron a romper la ley del silencio sobre el racismo dentro del sindicato. Todos los vídeos de esta campaña están sin listar en el canal de YouTube de la CGT, lo que garantiza que no tendrán ninguna visibilidad allí, pues no aparecen en los resultados de búsqueda; solo pueden verlos quienes ya disponen del enlace. ¿Una manera de perpetuar la ley del silencio?

Citemos también el ejemplo de Alex, suspendido por su apoyo a Gaza y abandonado por su sindicato, la CGT Educ’ 69 — siendo la causa palestina un catalizador por excelencia del racismo y la islamofobia.

La petición para mi reincorporación reunió casi 20.000 firmas, entre ellas las de numerosas personalidades (activistas, académicos, representantes de la Unión Judía Francesa por la Paz…) en Francia, e incluso, en el extranjero, las del profesor Norman Finkelstein (hijo de sobrevivientes del Holocausto, autoridad mundial sobre la cuestión palestina y autor de una Carta de Apoyo dirigida al Bureau Confederal de la CGT) y del Partido del Mundo de los Trabajadores (Estados Unidos). Tampoco fue escuchada, como si estos prejuicios estuvieran tan profundamente arraigados en el “ADN” de la CGT que enfrentarlos seriamente pondría en peligro toda la cohesión del sindicato.

El 54.° Congreso es una oportunidad para exigir que la CGT sea consecuente: que aplique internamente los principios que proclama en lugar de instrumentalizarlos, y que deje de excluir a quienes exigen que dichos principios se tomen en serio, precisamente por eso.

Exigimos:

— la readmisión de Salah L., con reconocimiento escrito de que nunca hizo las declaraciones que se le atribuyeron, las cuales pesarán sobre él como una espada de Damocles a lo largo de toda su carrera;

— la apertura de una investigación interna seria sobre los actos documentados de discriminación, intimidación e islamofobia;

— garantías reales de que los cargos electos y afiliados procedentes de minorías gocen de los mismos derechos que los demás, y no de una mera tolerancia condicional supeditada a su silencio y a su sometimiento a los prejuicios imperantes.

Si puede unirse a nosotros en Tours del 31 de mayo al 5 de junio — aunque sea por medio día, o por una o dos horas — hágalo saber (alainmarshal2@gmail.com). Se puede facilitar alojamiento.

En el programa: distribución de octavillas a la entrada del Congreso y recogida de firmas en la petición que ya ha convencido a más de 19.500 personas de que este caso es sintomático de un mal más profundo.

La lucha contra el racismo y la islamofobia empieza en casa. De lo contrario, no es más que una pose — no una lucha sincera, sino una mera competencia con la extrema derecha. Si los actos no se corresponden con las palabras, los hipócritas deben ser desenmascarados: un racista de izquierdas no es mejor que un racista de derechas — todo lo contrario.

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