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Hay una serie de cosas de las que habló Jesús que dan un poco de miedito, es lo que llamamos los discursos escatológicos.
Y es que Jesús no solamente dijo las parábolas, las bienaventuranzas, el Padre Nuestro o que tenemos que amarnos todos, sino que dijo cosas que deberíamos de saber entender bien y que también forman parte del Evangelio y de nuestra fe.
Hoy me gustaría que nos acercásemos especialmente a algunos de estos conceptos que tienen mucho más que ver con nuestro hoy y nuestro futuro próximo de lo que pensamos.
Toca despertar y salir y buscar ir más allá.
Muy buenos días, yo soy el Padre Joaquín y esto es Al Lío, un podcast para gente despierta que quiere crecer, en el que te hablo de temas de fe, de espiritualidad y estilo de vida.
Bienvenido, bienvenida, estamos en familia.
Acabamos de comenzar el tiempo de Adviento, esto es un tiempo precioso, además ya tiene como sabor navideño, yo no sé además este año qué ha ocurrido, por lo menos en Madrid, la ciudad donde yo vivo, es que ya estamos en Navidad, es como si ya estuviésemos.
Vamos de fiesta en fiesta, porque primero nos lanzan Halloween, después el Black Friday y ahora ya solamente nos queda la Navidad para entrar en el Año Nuevo.
¡Qué barbaridad, qué de fiestas, qué cosas! Señor líbranos, yo venía a hablarte de cosas serias, vamos a hablar por un momento del Adviento.
El Adviento está muy poco comprendido.
El Adviento es un tiempo litúrgico de preparación que ya sabes dónde acaba, acaba en la Navidad.
Entonces todo el mundo, la gente normal, si tú le preguntas qué es el Adviento, te va a decir el tiempo de preparación para la Navidad.
Pero no, no es un tiempo de preparación para Navidad, o por lo menos no solo es eso, es un tiempo de preparación para la presencia de Dios, para la presencia de Dios en medio de nosotros.
Y esto es lo que hace que el Adviento tenga que ser tiempo de preparación para dos venidas, dos venidas, porque Jesús habló de dos venidas, la primera de ellas es la que conmemoramos en el tiempo, actualizamos también en el tiempo de la Navidad.
En Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios.
Habló de Dios desde toda la eternidad, dentro de la Santísima Trinidad, el Hijo se encarna, se hace carne, viene a habitar en medio de nosotros, pasó haciendo el bien, haciendo obras milagrosas y absolutamente maravillosas, predicando, expulsando los demonios, resucitando a los muertos, hablando de Dios, pero vino en debilidad a entregar su vida en rescate por muchos para la salvación de todos los hombres.
Este misterio lo celebramos todas las Navidades y nos enternece, porque es Dios que ha venido a estar en medio de nosotros, es bonito, y esto necesita una preparación, es un misterio que ya ocurrió y que se sigue actualizando, por eso podemos decir que Jesús nazca en tu corazón y cosas de estas, que en cierto sentido ocurren, porque también la tradición de la Iglesia ha hablado de una tercera venida, que es la venida cotidiana, Dios sigue viniendo a ti, y de hecho la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma es una realidad viva, espiritual y teológica, que Dios habita en nosotros y sigue viniendo a cada uno de nosotros.
Pero hay un misterio que no podemos celebrar, porque todavía no ha ocurrido. Fíjate que en todo el año litúrgico que estamos comenzando precisamente en estos días, se celebran todos los misterios de la salvación, de toda la obra que Jesús ha hecho, pero todavía no ha acabado de hacer todo lo que tiene que hacer. La obra de la salvación no ha llegado todavía a su culminación. Entonces hay un misterio que todavía no ha ocurrido.

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