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En los últimos días hemos tenido algunas celebraciones bastante importantes. La primera de ellas ha sido la fiesta de todos los santos. Por ello me gustaría hablar de qué significa la santidad. Tan bien hemos celebrado la fiesta de todos los fieles difuntos, así que vamos a hablar un poco sobre la muerte.
Y nos dejamos todavía otra gran celebración. Hombre hombre Halloween, no podíamos olvidarnos de ella. Muy buenos días, yo soy el Padre Joaquín y esto es Al lío, un podcast para gente despierta que quiere crecer, en el que te hablo de temas de fe, espiritualidad y estilo de vida. Bienvenido, bienvenida, estamos en familia.
Lo cierto es que hablar de la muerte siempre ha parecido que es cosa de mal gusto. De hecho vivimos en una sociedad en la que intentamos tapar precisamente esto. Y ante el miedo a hablar abiertamente pues ha habido una cosa que me ha tranquilizado. Es que el viernes fui con el otro sacerdote que me acompaña a la parroquia, el Padre Jorge, y el seminarista que también está, Álvaro, fuimos al cine a ver Los domingos, una película extraordinaria.
La verdad es que nos dio luego para una conversación muy larga. Entonces terminamos la peli y dijimos oye pues vámonos a un sitio a cenar. Y pronto nos dimos cuenta de que no iba a ser una cosa fácil porque era viernes de Halloween. Vemos el Fosters. Y bueno aquello parece todo telas de araña, calabazas...
No, aquí, lo siento, pero este sitio no va a ser. Otro sitio, todo lleno de escaletos, otro sitio, pero bueno, pero será posible. Bueno, finalmente, gracias a Dios, pudimos encontrar un sitio que no estaba decorado y ahí pudimos cenar bastante tranquilamente. Mira, yo no tengo ningún problema con la muerte. Yo me puedo dar un paseo por un cementerio, no me importa, rezo por los difuntos, pero banalizar la muerte me cuesta. Y es que es uno de los peligros que tiene la muerte. Para no hablar de la muerte, para no enfrentarnos de ella, podemos evitarla de diferentes maneras. Esta es una y es banalizarla.
Hay otra manera a lo mejor más civilina. Imagínate, por ejemplo, que tienes a tu madre mayor o a tu abuela y te dice un día, ay, querida hija, mira, es que me gustaría pensar a hablar algo sobre mi funeral o me gustaría algo sobre la herencia o querría... Y no faltará quien salte diciendo, quita, quita, quita, no digas tonterías, hombre, no. Y bueno, pues es que de estas cosas hay que hablar, hay que hablar, claro que sí, y hay que dejar que la gente mayor pueda hablar también de estas cosas. Morir bien no significa morirse sin enterarse. Esto lo he escuchado en unas cuantas ocasiones.
Yo si me muero me gustaría morirme sin darme cuenta. Pero qué dices, eso es morirse fatal, pero de las peor de las maneras. Cuando uno se muere, si muere bien, si quiere morirse bien, necesita prepararse y necesitas hablar con gente de la que te tienes que despedir. Y tienes que pedir perdón a gente pues que quizá no te has atrevido en toda la vida a decirle, oye, lo siento porque en esto me tiré la pata. Y a lo mejor quieres hacerlo antes de la muerte, ¿para qué? Para morirte bien. Y a lo mejor te quieres reconciliar con el Señor y quieres llamar a un sacerdote que vaya y hagas una buena confesión.
Todas estas cosas ojalá ocurriesen, pero antes de que la persona esté ya pues a punto de morirse. Que esto cuántas veces me ha pasado que me da una pena que me muero. Que te llama una familia para ir a visitar a su enfermo, ya cuando está para morirse, vamos, le puedes dar la unción pues a duras penas, pero no hombre no, esa persona lo que necesitaba era poder hablar y que le hablasen de la vida eterna, de que Jesús le está esperando, que tuviese esperanza, en vez de intentar ocultar lo que es evidente. Y es que esa persona se está muriendo, pero tú de verdad te crees que esa persona no sabe que se está

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