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El Substack de Adrian Solca · Jul 6, 2026

La Epidemia de la Proactividad

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Adrian Solca · El Substack de Adrian Solca

Hace unas semanas me destornillaba de risa analizando los patrones de adopción interna de inteligencia artificial con un cliente. Descubrimos una dinámica fascinante y absurda: la mitad de la plantilla usa agentes de IA para redactar correos de tres párrafos que suenan sumamente profesionales, educados y ejecutivos. La otra mitad, los destinatarios, usa sus propios agentes de IA para resumir esos mismos correos y extraer la única línea que realmente importaba.

Estamos pagando cuotas en dólares de infraestructura tecnológica simplemente para desenmarañar el ruido que nuestra propia tecnología genera.

Si te fijas en el comportamiento de los sistemas operativos y las grandes plataformas de software B2B durante estos últimos meses, notarás que este absurdo ya cruzó hacia el producto final. La nueva obsesión de tus comités de producto tiene un nombre y se llama “atención proactiva”. Gracias a los modelos de lenguaje que corren de fondo, tu plataforma ahora cree que sabe exactamente lo que tu cliente quiere, diez minutos antes de que el usuario siquiera lo piense.

El resultado cotidiano es una avalancha incesante de notificaciones, sugerencias de autocompletado tristes, resúmenes automáticos que nadie pidió e interrupciones disfrazadas de innovación.

La métrica favorita del teatro corporativo moderno es la interacción. Quieres ver clics. Quieres ver que el usuario abre el panel lateral del asistente virtual. Mides el nivel de adopción por la cantidad de veces que el sistema tuvo que sugerirle algo al cliente, registrando cada “ping” como una pequeña victoria para tu junta trimestral.

Lo que tu dashboard no te muestra es el hartazgo. Las investigaciones canónicas de Nielsen Norman Group sobre carga cognitiva demuestran desde hace décadas que cualquier elemento de la interfaz que irrumpe en la tarea principal agota sistemáticamente la paciencia del ser humano. Cuando le inyectas IA a cada rincón de tu producto solo porque puedes hacerlo, abandonas el rol de solucionador de problemas y te conviertes en un estorbo oneroso.

Piensa en tu nuevo agente autónomo como un copiloto ansioso que va sentado a tu lado en el auto mientras manejas por una carretera de cuota. Si cada trescientos metros te grita “¡Cuidado, otro coche a la izquierda!” o “¿Quieres que te resuma la ruta hacia el destino que llevas visitando cinco años?”, el viaje se vuelve insoportable. Te vas a bajar del auto con migraña. Tu cliente está experimentando exactamente eso: agotamiento cognitivo crónico patrocinado por tu propio presupuesto de innovación.

Estás pagando facturas altísimas de AWS o Azure en dólares para procesar inferencias inútiles, con la esperanza de retener a un cliente corporativo en Bogotá o Ciudad de México que, en realidad, está a un clic de cancelar la suscripción.

Mantener al usuario dando múltiples vueltas o reaccionando a estímulos en tu interfaz representa una fuga directa de dinero, escondida bajo el disfraz de una sesión activa.

El verdadero trabajo de un Diseñador maduro hoy consiste en establecer arquitecturas de información donde la tecnología predictiva actúe exclusivamente bajo demanda. O mejor aún, establecerla en un segundo plano radicalmente invisible, un espacio donde solo gane el derecho a manifestarse si logra reducir un paso financiero o administrativo crítico sin pedir permiso de existir.

Como plantea iterativamente Don Norman en su clásico The Design of Everyday Things, la buena ejecución de la tecnología exige que la complejidad opere en la sombra. Si tu producto necesita anunciar que está siendo inteligente, fracasaste en el Diseño.

Para ti, que diriges la visión estratégica de estas plataformas, esto significa implementar matrices de relevancia severas y sin cuartel. Antes de permitir que un agente autónomo emita una alerta o trunque el flujo de lectura de tu usuario, hazle pasar un filtro brutal de rentabilidad: ¿Esta sugerencia le ahorra dinero al cliente? ¿Le acorta el flujo operativo a la mitad? Si la respuesta es una variante tibia de “le da más contexto”, apaga el agente en ese módulo.

A nivel operativo regional, el daño de estas decisiones tecnológicas mal calibradas se amplifica. En Latinoamérica operamos bajo asimetrías de tiempo y recursos muy particulares; tus usuarios locales no tienen el ancho de banda mental, ni el tiempo de sobra, para jugar a ser los supervisores de calidad de un algoritmo que arroja sugerencias aleatorias a las tres de la tarde de un cierre de facturación. Si la máquina requiere supervisión constante para no equivocarse, terminas trasladando tu costo de desarrollo a la nómina de tu cliente.

Tienes que cambiar las métricas con las que tus equipos justifican sus salarios. Deja de aplaudir el volumen de interacciones en el componente del chatbot. Promueve y compensa la velocidad de resolución silenciosa.

El software rentable no es el que habla más rápido, sino el que te libera tiempo sin que te des cuenta de cómo lo hizo. Obliga a tus líderes de producto a justificar el retorno de inversión de cada interrupción proactiva que aprueban. Cuestiona la verdadera utilidad de tener un widget flotante que presume sus capacidades generativas. Convierte la fluidez sin fricciones en el único estándar aceptable.

La mejor interfaz jamás diseñada es siempre la que resuelve el problema y desaparece de inmediato de tu campo visual sin exigirte gratitud, ni robarte segundos de vida.

Felices trazos.

Read the original on adriansolca.substack.com

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