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El Substack de Adrian Solca · Aug 17, 2026

El Vacío de Poder

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Adrian Solca · El Substack de Adrian Solca

Te pasas la carrera exigiendo un asiento en la mesa de decisiones operativas, pero cuando finalmente te ofrecen la chequera, das tres pasos hacia atrás.

Te quejas en los pasillos porque el Product Manager, alguien con un MBA pero sin el menor criterio técnico, dictamina arbitrariamente los tiempos de entrega de tu equipo. Te frustra soberanamente que el corporativo en Estados Unidos recorte tu presupuesto de investigación bajo la premisa de “optimizar recursos”. Repites hasta el cansancio que la organización no entiende el verdadero valor del Diseño y que te tratan como a una agencia gráfica interna glorificada.

Pero cuando llega tu evaluación de desempeño y tu director te pone sobre la mesa la pista de liderazgo operativo —esa que incluye gestionar bandas salariales, negociar el headcount anual y pelear los dólares del presupuesto con el VP de Ingeniería— levantas las manos en señal de rendición. Dices que tú quieres “mantenerte cerca del oficio”. Que la política no es lo tuyo. Que lo tuyo es resolver el problema directamente en el lienzo.

Esa es la verdadera causa de tu irrelevancia.

Lo que sucede en la industria del Diseño opera exactamente igual que una junta de condominio residencial. Todo el mundo odia al administrador en turno. Todos los vecinos tienen una opinión fundamentada sobre cómo deberían gestionarse las cuotas de mantenimiento, cómo arreglar la filtración del estacionamiento y por qué el servicio de limpieza está fallando. Pero el día que toca elegir a la nueva mesa directiva, el salón comunal se queda mudo. Nadie quiere lidiar con las cuentas por pagar. Nadie quiere la carga burocrática de pelear con los morosos.

Como resultado de esa apatía disfrazada de falta de tiempo, la administración queda en manos de una agencia externa que no vive en el edificio. El nuevo gestor toma decisiones orientadas exclusivamente a su propio margen de ganancia corporativa, pinta las áreas comunes de un color espantoso, y los vecinos vuelven al grupo de WhatsApp a quejarse amargamente de la tiranía que ellos mismos propiciaron al dejar la silla vacía.

En una startup regional con base en Bogotá, o en el corporativo asfixiante de un banco tradicional en Ciudad de México, el vacío de poder no dura ni cinco minutos. Si los Diseñadores con más contexto técnico y estratégico se niegan a asumir los roles de gestión argumentando una supuesta pureza creativa, el negocio tiene que avanzar de todas formas.

La organización simplemente asignará a alguien que no entiende absolutamente nada de tu oficio para administrar la operación. No lo hacen como un castigo divino hacia tu gremio; lo hacen como una medida de supervivencia frente a tu negativa de rendir cuentas sobre la rentabilidad del área.

Por muchos años, yo mismo operé bajo esa falsa moralidad del creador incomprendido. En una consultora mediana en la que trabajé durante mis primeros años como talento senior, rechacé frontalmente la transición hacia un rol administrativo de Design Management. Creía genuinamente que mi impacto solo era válido si yo era el autor material del entregable final, del mapa de arquitectura, del flujo de interacción. Aprender a leer un estado de resultados o gestionar las vacaciones del equipo me parecía un trabajo de oficinista que amenazaba mi talento.

Lo que conseguí con esa negativa fue mioma puro. Pasé los siguientes dos años reportándole directamente a un perfil financiero que evaluaba la calidad de mis soluciones bajo una métrica ciegamente cuantitativa: cuántos tickets de Jira era capaz de cerrar mi equipo por semana.

Ahí entendí, por la vía del dolor corporativo, que el verdadero entregable en un ecosistema de negocios maduro no es tu archivo perfectamente organizado. El diseño más importante que vas a hacer en tu carrera es el de la estructura organizacional que permite o destruye el buen Diseño.

Cuando te encadenas voluntariamente a tu etiqueta de “Contribudor Individual” por miedo a la política, como ya escribí en Tu Título es una Jaula., limitas severamente tu jurisdicción en el modelo de negocio. Renuncias a proteger el entorno donde sucede el trabajo.

Afrontamos un déficit masivo de líderes de Diseño competentes en Latinoamérica. Hemos glorificado sistemáticamente al talento que ejecuta mientras estigmatizamos al que administra. Y el costo lo pagamos todos los días.

Hacer sesiones de 1:1 para destrabar conflictos de carrera, justificar por qué requieres nóminas de miles de dólares para retener talento senior frente a una casa matriz que quiere tercerizar todo a la India, y absorber pacientemente los recortes trimestrales para escudar a tus creadores, requiere un grado de madurez operativa que pocos se atreven a desarrollar.

Esconderte de la gestión asumiendo que te aleja de tu profesión es un error de perspectiva. El oficio no desaparece cuando te vuelves director; simplemente cambia de escala y de material.

Tus insumos ya no son componentes tipográficos ni paletas de color. Empiezas a diseñar incentivos. Diseñas los flujos de comunicación transversal que evitan que el equipo de Desarrollo y el de Producto se maten entre ellos. Modelas la gobernanza de cómo entra un requerimiento al equipo y bajo qué condiciones estratégicas se rechaza.

Proteger el espacio para que otros construyan experiencias de calidad es un acto de Diseño mucho más complejo y profundamente más rentable que empujar botones por ti mismo. Exige el mismo rigor analítico, pero aplicado al caótico teatro corporativo de las relaciones humanas y los recursos escasos.

Quieres que tu disciplina tenga voz y voto en la junta directiva. Deseas fervientemente que tus horas de investigación fundamenten el roadmap trimestral, y anhelas liderar equipos donde la deuda de experiencia de usuario se pague con dinero real. Para que esa realidad exista, alguien de tu propio gremio tiene que arremangarse y hacer el trabajo aburrido, administrativo y políticamente desgastante de dirigir.

Si sigues rechazando la gestión porque sientes que roba tiempo a tu proceso puramente creativo, aseguras tu propia condena. Terminarás pasando todas tus horas de mayor capacidad intelectual diseñando exactamente la mediocridad operativa que te dicte un administrador ajeno, alguien que jamás ha entendido ni le interesará entender las bases de tu oficio.

Felices trazos.

Read the original on adriansolca.substack.com

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