Me harta cuando solamente hablan de relaciones, porque sé que hay mucho más allá.
Pero lo que daría por tener una.
Sé que mi valor no reside en gustar.
Pero quiero enterrarme cada vez que soy la única del grupo a la que no se le acercan chicos.
Sé que soy mucho más que una cara y un cuerpo. Soy una mente creativa y un corazón amable. Sé que eso pesa más que nada.
Pero lo que daría porque alguien me mire y piense; es preciosa.
Sé muchas cosas.
Sé que mi cuerpo no tiene que ser bonito para ser valioso. Sé que todo esto es un constructo social. Sé que me han podrido el cerebro para obsesionarme con gustar. Sé que no debo dejarme engañar.
Pero saberlo no sirve de nada. Porque mientras lucho por mis sueños me aterra no tener una pareja con quien celebrarlo cuando estos se hagan realidad.
Alguien dijo una vez —lo sé porque me gusta escribir y leo sobre estas cosas— que para que un personaje sea creíble debe ser contradictorio. Ponían a Jo March como ejemplo. Concretamente, esta escena en la que se manifiestan sus ideas sobre cómo está cansada de que se reduzca a la mujer al amor, pero al mismo tiempo lo anhela.
Y al igual que esos personajes, las personas somos contradictorias. Podemos saber que somos mucho más que amor, y al mismo tiempo no pensar en otra cosa.
Porque no me concibo a mí misma sin luchar por mis sueños, pero tampoco me visualizo cumpliéndolos si no es con alguien al lado.
Y sí, sé que no necesito a nadie, pero sí quiero a alguien.
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