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¿Y qué hacés acá? · Jul 11, 2026

Razón 20: mi acá

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Sé que estamos todos en modo mundial pero el sábado 18 tocamos en Hasta Trilce.

Sé que estamos todos en modo mundial pero el sábado 18 tocamos en Hasta Trilce. No, no coincide con ningún horario de partido así que venite que vamos a armar una fiesta de guitarras con Natalia Martinez de invitada.
Es una noche especial, presento en sociedad mi música para cuatro guitarras.

Salimos a la cancha y necesitamos hinchada.

Anticipadas acá.


¿Viste el video que subí de cómo miro el partido de Argentina y el de Estados Unidos?

Si no lo hiciste, andá a mirarlo y darle like porque vas a entender mejor este posteo! (Miralo en facebook, instagram, youtube, TikTok, donde quieras pero andá a mirarlo ja!)

El mundial remueve mucho, a todos, me acuerdo dónde estaba en la final del 2022, me acuerdo de cuando veía los partidos antes de mudarme, me acuerdo también de lo sorprendido que me dejó un comentario de mi vecino hace unos días nada más: “El equipo de Estados Unidos está muy bien, eh?”

Lo que me sorprendió no fue estar hablando con un vecino en el medio de la vereda un martes cualquiera, mi barrio mágico está lleno de eso. Me sorprendió que alguien me hablara de fútbol estadounidense (ya medio un oxímoron en sí) y que al final eso implica que… que yo soy yanqui.

Ustedes siempre dicen que el argentino nace donde quiere. Yo nací en Estados Unidos, hace diez años que me mudé (bueno, casi 10) ¿Y qué pasó en los últimos diez años? ¿Está completa la transformación? ¿Me autopercibo argentino?

Antes era más yanqui, al menos mucho más yanqui que ahora.

Recién mudado, con algunas cajas todavía en tránsito, con alguna que otra guitarra todavía en Nueva York, con el peinado de allá y la forma de caminar de otra vida, todavía tenía lazos fuertes, cotidianos, hasta absurdos, si lo pienso en frío. Era una relación en tiempo real con mi ex-vida: si se interrumpía una línea de subte allá, me enteraba; tocaba fulano en tal boliche y me imaginaba la música, el lugar, la gente que iba… Conservaba mi número de teléfono y cada tanto me llamaba para laburar alguno que no se había enterado de la noticia: Adam se mudó a Argentina.

No es que no estaba acá.

Estaban tan acá pero también una parte de mi había quedado allá.

Acá salía a tocar, a escuchar música, a tomar mate con amigos. Pero había algo interno que no había cambiado el chip. Conservaba muchísimos hábitos que eran el resultado de 20 años de Nueva York. En las escaleras mecánicas de los subtes me apuraba, vivía enojado con la gente que todavía no sabe pararse a la derecha para dejarme pasar… corría en general, por toda la ciudad, con esa intensidad que tenemos (o aprendemos) los neoyorquinos para navegar el mundo que es frío, rápido, apabullante.

Acá no funciona.

Por más que pienses que Buenos Aires es rápido, frío, ajeno, no lo es. Comparado con Chascomús tal vez sí, pero al lado de mi ciudad natal éste es un lugar tranquilo, donde podés tomar un café en la vereda, pararte a saludar un amigo en el centro, hasta instalarte en el mostrador de la ferretería a preguntarle al tipo por sus hijos, su mujer, sus sobrinos…

Y un día pasó exactamente eso mientras yo, esperando para comprar mis caramelitos, bufaba y suspiraba de impaciencia. Estoy seguro que ni me registraron. Pero ese día (habrá sido en 2017) me di cuenta que la data de mi disco rígido ya no servía y que había que borrarla.

El kiosko de Buenos Aires no es un “deli” de Nueva York. Allá se espera que saluden poco, griten “next” y el que está adelante tuyo agarre su vuelto y se corra de la fila rapidísimo, para que todo siga fluyendo de manera eficiente.

No, en Buenos Aires es tan no así que tuve que aprender a saludar a la gente. Siempre.

Al colectivero, al kiosquero, al carnicero.

Primero saludás y después todo lo demás.

Creeme, lo tuve que aprender.

Llevó un tiempito recentrar mi compás, mi reloj geográfico.

Y te das cuenta cuando menos lo esperás.

En una charla en la vereda.
En una fila del kiosco.
En un viaje.
O cuando un vecino te habla de la selección de Estados Unidos... y lo sentís como la selección de otro.

Ahí entendés que el “acá” ya cambió.

Mi “acá” cambió definitivamente.

Read on adamtullyar.substack.com

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