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Desde la otra orilla · Aug 3, 2026

Más inversión en redes no significa más red disponible

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Abelardo Reinoso · Desde la otra orilla

España quiere electrificar su economía.

Quiere más industria, más desarrollos urbanísticos y viviendas, más centros de datos, más movilidad eléctrica, más almacenamiento y más generación renovable.

Pero hay una pregunta que cada vez resulta más difícil evitar:

¿Tenemos un problema de falta de energía o tenemos un problema de falta de red?

Durante años hemos hablado de objetivos, de potencia instalada y de inversión.

Sin embargo, la realidad que encuentran muchos proyectos es otra: energía puede existir, pero no siempre existe la capacidad de llevarla hasta donde la economía la necesita.

Porque la transición energética no se decide únicamente generando más electricidad.

Se decide cuando esa electricidad puede transportarse, conectarse y estar disponible “on time”.

Y ahí las redes eléctricas se han convertido en el verdadero factor estratégico de la transición energética.

El reciente Real Decreto 640/2026, aprobado el pasado 29 de julio, aborda una parte relevante de este desafío: modifica el marco de planificación, aprobación y control de las inversiones en las redes de transporte y distribución a partir de 2028.

Es una buena noticia.

Pero conviene analizar qué cambia realmente.

Porque una cosa es aumentar la inversión prevista.

Y otra muy distinta conseguir que esa inversión se convierta en red disponible.

El nuevo marco permite incrementar significativamente los límites de inversión reconocida para las redes eléctricas, orientando recursos adicionales hacia nuevos consumos industriales, residenciales, ligados a la descarbonización del transporte electrificación, digitalización, ciberseguridad y adaptación climática.

Era necesario.

Durante años, el crecimiento de la generación renovable ha avanzado más rápido que la capacidad del sistema para acompañarlo con infraestructuras adecuadas.

Necesitábamos más inversión en redes.

Pero aquí aparece una diferencia fundamental:

más inversión no equivale automáticamente a más red disponible.

Éste es uno de los grandes debates de la próxima década.

Hemos confundido con frecuencia dos conceptos que no son equivalentes:

Una red planificada aparece en una planificación, en un documento aprobado o en una previsión de inversión.

Una red disponible es aquella que permite realmente que una empresa tome una decisión, construya una instalación o conecte un nuevo consumo.

Entre ambas existe un recorrido complejo:

  • ingeniería;

  • autorizaciones;

  • permisos;

  • ejecución;

  • pruebas;

  • puesta en servicio.

Y ese recorrido es donde muchas veces se pierde el tiempo que la economía no tiene.

El problema no es únicamente cuánto invertimos.

El problema es cuánto tardamos en convertir esa inversión en capacidad útil.

Uno de los avances más relevantes del nuevo decreto es la obligación de aumentar la transparencia sobre los planes de inversión y su grado de cumplimiento.

Disponer de más información sobre:

  • actuaciones previstas;

  • inversiones ejecutadas;

  • capacidad asignada;

  • capacidad no utilizada;

  • evolución de las redes;

es una mejora evidente.

Durante demasiado tiempo, una parte importante de la información sobre la evolución real de las redes ha sido difícilmente accesible para quienes necesitan tomar decisiones.

La transparencia permite planificar mejor.

Pero la transparencia, por sí sola, no crea capacidad.

Y aquí aparece otra cuestión fundamental:

la información llega a ser útil cuando llega a tiempo.

Para una empresa que debe decidir dónde ubicar una nueva industria, un centro de datos o una infraestructura energética, conocer hoy que una red podría estar disponible dentro de varios años puede no ser suficiente.

Las decisiones económicas tienen ventanas concretas.

Una oportunidad industrial no siempre puede esperar al calendario administrativo.

Este es, probablemente, uno de los grandes debates pendientes del sistema eléctrico.

El sistema energético funciona con un reloj.

La economía funciona con otro.

El primero está condicionado por:

  • planificación;

  • regulación;

  • autorizaciones;

  • procedimientos administrativos.

El segundo está marcado por:

  • inversión;

  • competencia internacional;

  • disponibilidad de suelo;

  • decisiones empresariales.

Cuando ambos relojes avanzan a velocidades diferentes aparece un problema:

la infraestructura puede llegar demasiado tarde para la oportunidad que debía habilitar.

El decreto avanza en inversión y control.

Pero no aborda suficientemente uno de los principales cuellos de botella actuales: los tiempos administrativos necesarios para convertir una planificación en una instalación operativa.

Porque una red no se construye cuando se aprueba.

Se construye cuando puede entrar en servicio.

El debate energético suele centrarse en cuánto debemos invertir.

Pero cada vez será más importante preguntarnos:

¿somos capaces de ejecutar esa inversión al ritmo que necesita la economía?

La construcción de infraestructuras eléctricas no depende únicamente de las empresas responsables de las redes.

También depende de:

  • autorizaciones administrativas;

  • coordinación entre organismos;

  • permisos ambientales;

  • disponibilidad de terrenos;

  • procedimientos urbanísticos.

El sistema exige a transportistas y distribuidores que cumplan sus planes.

Es razonable.

Pero si queremos acelerar realmente la transición energética, también debemos revisar el ecosistema administrativo que condiciona esa ejecución.

No basta con pedir más velocidad a quien construye la red.

Hay que eliminar los obstáculos que ralentizan su construcción.

Otro elemento relevante del nuevo marco es la incorporación de inversiones anticipatorias.

La lógica es sencilla:

No esperar siempre a que llegue una solicitud concreta para reforzar una red.

Anticiparse.

Durante años, muchos proyectos han tenido que asumir costes y riesgos asociados a refuerzos de red que, en realidad, formaban parte de una necesidad futura del sistema.

Repartir mejor ese riesgo es positivo.

Pero vuelve a aparecer la misma pregunta:

¿llegará esa red cuando sea necesaria?

Una inversión anticipatoria sólo tiene sentido si anticipa realmente la demanda.

Si la infraestructura llega después de la decisión empresarial, deja de ser una ventaja competitiva y se convierte simplemente en una inversión que llegó tarde.

La cuestión no es sólo construir antes.

Es construir a tiempo.

El decreto también introduce mecanismos de seguimiento y penalización ante incumplimientos de los planes de inversión.

Es un avance hacia una mayor responsabilidad.

Pero conviene analizar el alcance real.

Una penalización futura no resuelve automáticamente el problema de quien hoy espera una conexión.

Un proyecto industrial no necesita saber que dentro de unos años habrá consecuencias regulatorias.

Necesita saber cuándo tendrá disponible la infraestructura que condiciona su inversión.

La rendición de cuentas es necesaria.

Pero el objetivo final debe ser otro:

que la red llegue cuando tiene que llegar.

El Real Decreto 640/2026 supone un avance.

  • Mejora la planificación.

  • Aumenta la transparencia.

  • Incrementa la capacidad de inversión.

  • Introduce mecanismos de control.

  • Todo ello es necesario.

Pero no debemos confundir mejorar las reglas con resolver el problema.

El reto de la próxima década no será únicamente invertir más.

Será transformar esa inversión en infraestructura operativa con la velocidad que necesita la economía.

Durante años hemos medido el éxito de la transición energética por los megavatios renovables instalados y los objetivos aprobados.

Quizá haya llegado el momento de incorporar una nueva variable:

el tiempo que tarda una empresa en disponer de la red que necesita para invertir.

Porque la energía puede estar disponible.

La inversión puede estar aprobada.

La planificación puede estar publicada.

Pero hasta que la red no está operativa, la transición sigue estando en el papel.

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Y recuerda: 🔛Si no hay energía no hay transición energética.
Y si no hay red, la energía no llega donde tiene que transformar la economía.

Desde la otra orilla.

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Read the original on abelardoreinoso.substack.com

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