Pepe Mujica se hizo hueco entre mis reels de Instagram el otro día. Entre reflexiones de mierda y debates de mierda, escuché una frase del exguerillero/presidente uruguayo adornada en edit moderno curiosa, no menos original, y sobre todo, propensa a ser redactada en artículos de Substack.
Pierdan tiempo en cosas que no generan plata, pero que les den ganas de vivir(..) La vida no se compra con guita, tengan tiempo para vivir.
Y yo, absorta del mensaje directo del emisor, la parte dicha a dedicar el bienestar a uno mismo, la libertad como arma propia para alcanzar la felicidad absoluta, lo absurdo del tiempo y como podemos jugar con este haciendo lo que uno más ama. Dije: joder, es verdad que nadie nunca nos quiere aburridos.
En un mundo regido por el utilitarismo, tratar de conseguir el bienestar máximo de la población. Le agradecemos a lo útil: cualquier medio del que requerimos para conseguir algo. Perdón por las definiciones.
Pero es que, dentro de ese estado repleto de exigencias que sobrevive, según se dice, gracias a la utilidad que le ofrecemos las economías. Hayamos un miedo ya casi canónico, heredado por generaciones: el miedo a aburrirse.
Y es una pena, porque Mujica lo dice bien, el aburrimiento es un acto social que no solo beneficia al individuo sino también al movimiento social que se opone a ese régimen utilitarista.
Quien se aburre no produce para la institución, no crea “guita”. Quien se aburre no es eficiente, no hace nada de provecho que pueda beneficiar a ninguna de las economías esclavas del mismo.
Entonces, quien se aburre se encuentra dentro de esa protesta social que se opone a la productividad absoluta. Dejemos de hacer cosas útiles, cosas con fin, y aceptemos el silencio de la nada, lo absurdo.
Estamos dentro de un fenómeno blanco, el de las norteamericanas tik tokers que se levantan a las cinco de la mañana para ser más rentables, para producir con mayor eficacia, en mayor cantidad de tiempo, con mayor desperdicio vital, pobres. Estamos ahogados en ese auge de la frenética masiva, que tiene prisa por crear, en crear o mejor aún, copiar y plasmar, para solo y simple, producir en cantidad.
Entonces, yo te recomiendo, yo que no soy nadie, que te aburras. Que no hagas nada durante unos minutos, y que no cojas el móvil, ni tampoco escuches la radio, que bombardearon Iran, ni tampoco leas el periódico, ni seas beneficioso para el estado durante un ratito.
Yo quiero que te aburras y que dentro de ese vacío, inexistente, llegue la creatividad y llegue el paso siguiente a la nada. Yo quiero que lo que no surge contra el éxtasis de las jornadas laborales y mentes cansadas de plusavalia, surja en una hamaca mientras te meces al sonidito del viento, cuando pian los pájaros en el jardín. Nada útil.
Quiero que juegues al ajedrez sin tener ni idea de ajedrez y crees nuevas reglas, y después no las compartas por tik tok como idea, novedad. Nada útil.
Yo como otros, quiero que des un beso y solo eso, des un beso; vuelvas a casa, y no se lo cuentes a nadie, no a tu jefe y tampoco a storytimes lánguidos. Nada útil.
Yo quiero que te aburras, para que así ni el político más miserable pueda sacarte provecho.
No posts

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.