RSS Amplifier

52 Cartas desde París · Aug 2, 2026

42. Volver a casa

0
Sign in to vote or save

Irene Román · 52 Cartas desde París

Para quienes vivimos fuera de nuestro país durante todo el año, se da una paradoja en cada época vacacional. Mientras la mayoría de las personas que pueden permitírselo buscan salir de la rutina viajando para descubrir lugares nuevos o, si alguno les ha cautivado, repetir destinos solo visitados en una determinada estación, nosotros volvemos a casa.

Durante estos días, las redes sociales se pueblan de fotos de amigos y conocidos disfrutando de escapadas apetecibles que hacen soñar. Ya se trate de hermosas y recónditas playas de arena blanca y aguas turquesa en alguna isla cercana, o de impresionantes templos budistas en exóticos países al otro lado del globo, por unos instantes me embarco con ellos en esos viajes y me dejo llevar.

Desde mis veinte, he vivido más de quince años fuera de mi ciudad natal. Y aunque en todo este tiempo he tenido la ocasión de visitar distintos países y muchas localidades y enclaves en algunos de ellos, mi principal impulso cuando dispongo de tiempo y tengo la oportunidad de hacerlo es regresar a mi hogar.

En esta decisión lo que más pesa es pasar tiempo en familia, con mi gente. Porque siento que haber emigrado ya me ha quitado demasiados momentos preciosos con ellos como para desperdiciar las contadas ocasiones que uno mismo puede propiciar. Por esta razón, creo que apenas me autorizo otro tipo de escapadas. Cuando logro juntar un mínimo de días que hagan razonable ese par de vuelos internacionales y toda la logística y los recursos que conlleva moverse de acá para allá, no lo pienso: mi brújula ya sabe hacia dónde apuntar.

A veces me descubro fantaseando con algún viaje pendiente, de esos que he ido posponiendo año tras año. Me pierdo paseando despreocupada por la Acrópolis de Atenas, remontando un sendero coronado de cumbres al borde de un lago en los Dolomitas, descalzándome para entrar en la gran mezquita de Santa Sofía o despidiendo la luz rosada del atardecer sobre una roca en las Islas Marietas. Entonces emerge un sentimiento de culpa extraño que me obliga a postergar la idea, una vez más, hasta que se presente el momento perfecto, ese que, si no lo decides, nunca acabará de llegar.

Aunque París es mi casa desde hace ya mucho tiempo, debo confesar que sigo considerando un privilegio poder vivir en esta ciudad. Sospecho, además, que no será para siempre. En lo más profundo de mí ya late una nostalgia anticipada, porque sé que algún día añoraré lo que hoy es mi realidad cotidiana.

Es por eso, quizá, que no tengo la necesidad de escapar de una rutina anodina. Pues adoro incluso los días que se suceden sin alharaca, esos que podrían juzgarse como iguales los unos a los otros, pero que en realidad son hermosas variaciones de un mismo paisaje.

Mire donde mire, tengo las retinas empapadas de belleza. Y aunque el mundo es grande, diverso y rico, aunque casi cada rincón de la Tierra sea fascinante y esté plagado de efímeras maravillas, me siento formidablemente nutrida de estampas que, trece años después, me siguen pareciendo rarezas.

Más que añorar el mundo y sus ciudades, sus parajes, sus tesoros y palacios, añoro los afectos. El abrazo diario de mi madre o las risas que vienen con el chascarrillo y el humor de la lengua que escuché ya desde su vientre; el olor de las cocinas y el sabor de las comidas de siempre. Ese otro ritmo que, aunque pasen mil lustros, se acompasa mejor a mi hambre, a mis horas de ocio y de sueño, a mis tiempos de trabajo, de cuidado, de estudio.

Las vacaciones me recuerdan que mi hogar es mi gente, que solo con aquellos que amo tiene sentido descubrir nuevos mundos u honrar el que conozco desde que tengo memoria.

Mi felicidad y mi tranquilidad reposan en saber que mi pequeño universo de personas sigue intacto, o casi; que aunque el atlas de sus rostros vaya sumando diminutas y agraciadas fallas, son esos los senderos escarpados en los que elijo perderme para encontrar el camino de vuelta a casa.

Un abrazo,

Irene

P. D. La acuarela que ilustra la portada de esta Carta y las fotografías que la acompañan son propias (© Irene Román).

Sin posts

Read the original on 52cartasdesdeparis.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.